“Revisar regularmente nuestro trabajo, desarrollar durante el proceso de revisión el estilo democrático de trabajo, no temer a la crítica y a la autocrítica”. (Mao Tse Tung, 24-04-1945)
Hoy tocaba madrugón. O, en su defecto, prolongación de jornada en horario destroyer, de esos que obligaban al sujeto agente a tener que afilar su percepción sensorial si no quiere acabar bebiéndose las colillas de tabaco y fumándose las tazas de café recalentado. Si el desayuno, a decir de los dietistas, debería ser la comida principal del día, hemos empezado la jornada con una ración abundantísima de baloncesto contundente al modo de recio cocido montañés, muy alejado de las filigranas gustativas de los platos de cocina creativa, esos de los que abomina el chef Santi Santamaría.
En Beijing, a las nueve de la mañana (3 de la madrugada hora española), la selección, que pastorea a su modo Aíto García Reneses, se enfrentaba a la alemana. Los nuestros, con su habitual atuendo rojo. Los germanos, de blanco. Los nuestros condenados a vencer. La selección de Alemania deseando hacerlo. El resultado final 59-72. España ganó su tercer partido y matemáticamente, en el peor de los casos, será segunda de su grupo y pasará a los cuartos de final.
Durante el primer cuarto, con los alemanes por delante, asistimos a la reedición del partido anterior frente a China. Los germanos estuvieron siempre entre 12 y 13 puntos por encima en el marcador. Y así se continuó hasta los últimos dos minutos del segundo, momento en el que los nuestros, empatando 31 a 31, remataron al llegar al descanso con un primer 36-39. A partir de ahí, se invirtieron las diferencias y los españoles anduvieron todo el partido entre nueve y trece puntos por delante de sus rivales. No hubo perdón para Alemania, pese a los errores –fallos garrafales en los tiros libres, canastas que no entran—cometidos por los nuestros. Y hay que irse al refranero, en este caso chino, con resonancias taoístas: “corrige tus errores si los has cometido, y guárdate de ellos si no has cometido ninguno”. Motivos de reflexión para Aíto y sus técnicos, extensivos a nuestros golden boys, nuestros chicos de oro, tan bien avenidos, tan majetes. El sábado 16, a las cuatro y cuarto de la tarde, hora peninsular, la selección española se verá las caras con la de Estados Unidos. Tal como anda el baloncesto, un encuentro con honores de final anticipada.
Pero, en los Juegos Olímpicos hay más vidilla que la que nos facilita el baloncesto. Hoy el tenista Rafa Nadal disputa un partido de cuartos de final. La judoka Esther Sanmiguel, en la categoría de 78 kilos, en el momento en el que columnista pergeña tan madrugadora crónica, ha ganado su primer combate y lucha por una medalla a lo largo de esta jornada. Sería la cuarta para España, que está a la espera de los avances en deportes de equipo: hockey sobre hierba, waterpolo (hoy se disputa el partido España frente a Hungría, la campeona de Atenas 2004) y balonmano. Realmente, hay vida más allá del baloncesto. Y sólo llevamos cinco jornadas de JJOO. Veremos si se cumplen los pronósticos y la expedición española suma, como mínimo, las 18 medallas. Veremos.