La liberación del ex congresista colombiano Óscar Tulio Lizcano, secuestrado por las FARC hace ocho años, el domingo pasado en el departamento del Chocó, gracias a la decisión del jefe guerrillero a su cargo de entregarlo y entregarse a los militares del Ejército colombiano que los tenían cercados desde hace cinco meses, es una muestra más del debilitamiento al que se encuentra sometida la organización guerrillera como consecuencia de la política de Seguridad Democrática del Gobierno del presidente Álvaro Uribe. Hay un cambio de estrategia de las FARC a consecuencia de los reveses militares y políticos sufridos este año y que el caso de Óscar Tulio Lizcano confirma.
Como señalan analistas como Peter Waldmann, la guerra de guerrillas parte, en su etapa inicial y de crecimiento, por acosar al enemigo mediante ataques sorpresa, emboscadas y asaltos para obtener armas y pertrechos. Una vez que la guerrilla logra el equilibrio o la superioridad militar, tiene que darse la clásica batalla entre ejércitos regulares que defina la guerra.
En las décadas de los años ochenta y noventa, las FARC vivieron una etapa de crecimiento geométrico que le permitió tomar la iniciativa en todo el país. Se hablaba entonces de la presencia de la guerrilla en la periferia de las principales ciudades colombianas, incluida Bogotá. Esta situación ha cambiado drásticamente, sobre todo en los últimos tres años.
Como señala Camilo Echandía en un artículo aparecido en la revista Nueva Sociedad, "las FARC han renunciado a la defensa del territorio y, en cambio, buscan el control de zonas estratégicas que garanticen su supervivencia, como Cauca y Nariño". Ha disminuido también sensiblemente el número de secuestros, pero sobre todo lo que se está evidenciando es la pérdida de la invulnerabilidad de las FARC; invulnerabilidad que era consecuencia del hermetismo y de la cohesión de la organización guerrillera, como indica Daniel Pécaut. La pérdida del hermetismo y de la cohesión se evidenció en la liberación de Ingrid Betancourt y sus compañeros, la muerte de Iván Ríos y, ahora, con la entrega del ex congresista Lizcano que declaraba el día de su liberación que la presión del Ejército contra los guerrilleros había sido muy fuerte. Efectivamente, el Bloque Occidental de las FARC, al que pertenece el frente que lo mantenía cautivo, ha sido uno de los más castigados este año. La falta de abastecimientos, las comunicaciones cortadas, la tensión permanente del ataque de las fuerzas militares... están golpeando duramente a los guerrilleros que antes se desplazaban a través de corredores estratégicos sin mayores problemas.
¿Cuán cerca está, sin embargo, el final de las FARC? Es imposible pensar en una capitulación que termine definitivamente el conflicto como se estila entre ejércitos regulares al final de un conflicto o como se dio en Centro América en los años noventa. El bandolerismo, el conflicto entre grupos armados, la fragmentación en pequeños grupos inconexos entre sí parecieran ser el final avizorado sin fecha por señalar.
alandazu@hoy.com.ec
Artículo tomado del DIARIO HOY