Navidad, pobre Navidad
miércoles 29 de octubre de 2008, 12:14h
No hay que ser muy despierto para intuir que estas van a ser unas Navidades tristes en el aspecto consumista. La crisis no admite los dispendios típicos de estas fechas, y el Ayuntamiento tendrá que empezar por dar ejemplo y hacer que la celebración de los festejos navideños no atenten contra la precariedad de las arcas municipales. Ya sabemos que se va a reducir el presupuesto en este sentido, que el alumbrado navideño se encenderá más tarde que otros años para ahorrar gastos en energía, que la cabalgata de Reyes no será este año una cabalgata donde se derroche euros en espectáculos montados por Alicia Moreno, como si en vez de una cabalgata de Reyes se tratara de un circo rodante y, sobre todo, se ha decidido suprimir la felicitación que el Ayuntamiento hacía a los madrileños a través de un spot televisivo. Esa decisión nos ha permitido descubrir que el citado spot, muy bien realizado, por cierto, costó el pasado año ¡dos millones de euros! Eso: ¡dos millones de euros! Caro nos salía a los madrileños la felicitación que enviaba nuestro Ayuntamiento. Mejor ahorrarse los buenos deseos, la buena nueva, que permitirse el lujo de unos precios desorbitados.
Este año, por tanto, y acertadamente, no habrá felicitación pública televisada del Ayuntamiento a sus ciudadanos, ni falta que nos hace, después de que se nos haya felicitado por anticipado con una nueva tasa de recogida de basuras y la subida del IBI en un 13 por ciento, aunque eso, más que felicitar las fiestas, es hacernos las Pascua, así que se acabaron los derroches de dos millones de euros por la postal navideña televisada, que en época de crisis ese gasto es más intolerable todavía, y habrá que ajustar otro gastos, reducirlos, sobre todo aquellos que se destinan a fastos públicos de celebraciones callejeras, porque en época de austeridad tendrán que ajustarse el cinturón todos, hasta la concejala de la Artes, Alicia Moreno, y los amigos que participan y cobran de estos fastos.
Navidades austeras donde el consumo no será el mismo de siempre, donde los Reyes Magos traerán incienso y mirra, pero no oro; donde quedará prohibida la exhibición pública de las angulas y los besugos para evitar provocaciones al estado de ánimo de los consumidores y aquel viejo lema de “en Navidad, siente a un pobre a su mesa”, se convertirá en otro de nuevo cuño: “En Navidad, siente a un parado, a un pensionista y a un hipotecado en su mesa”.