Neira
viernes 31 de octubre de 2008, 14:33h
Asombroso. Milagroso. Increíble. Inesperado. Podría continuar hilvanando adjetivos hasta mañana, y aún así no se agotarían las palabras para calificar la recuperación de Jesús Neira, ese héroe urbano a quien todos quisiéramos tener como vecino, y de cuya mejoría nos alegramos como si fuera alguien de nuestra propia familia. Se lo ha ganado a pulso. ¿Por qué, qué hizo? Ser un hombre cabal. Eso tan raro y tan escaso hoy en día. Jesús salió a la calle con sus hijos para vivir su vida, y se le cruzó la negra sombra. Vio algo que no le gustó: un hombre golpeando a una mujer. Podía haber mirado hacia otro lado, como todos hacemos muchas veces al día. Pero algunas personas tienen dentro algo más que vísceras, y Neira es una de ellas. Le salió la bonhomía y quiso mediar para evitar la agresión. Aunque no les conociera de nada; aunque supiera que podía meterse en un lío.
Su gesto de hombría de bien casi le cuesta la vida: le ha tenido al borde de la línea durante meses, ha supuesto una tortura para sus seres queridos, y esa fortuna que sólo a veces nos toca ha decidido ser generosa, por una vez, con quien se lo merece. Ahí está Jesús Neira: en planta, hablando, reconociendo a todos y con gestos de cariño. Tardará en recuperarse, pero ahí está, con toda la fuerza que tiene dentro y que le ha mantenido vivo, contra todo pronóstico, durante estos largos meses. Su fuerza y, cómo no, la de su esposa, ese pedazo de mujer que se ha convertido en la personificación de la valentía y la entereza.
En un mundo tan deshumanizado y egoísta como el actual, reconforta y reconcilia conocer comportamientos como los de este profesor. Otros no tienen suerte; otros “neiras” se dejan la vida en el intento; otros no se recuperan, no tienen ocasión de escuchar las gracias colectivas que la sociedad les brinda por su acción y, sobre todo, por su ejemplo. Jesús sí va a poder hacerlo. Por suerte para él, y por suerte para todos nosotros.