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El modelo de Otegi estaba en Azpeitia

viernes 05 de diciembre de 2008, 10:29h
Actualizado: 09 de diciembre de 2008, 07:24h

Ayer martes, tras salir de un programa de televisión en los estudios Buñuel llamado “59 segundos”, la última pregunta que nos hicieron fue con que titular nos gustaría despertarnos. Cuando me tocó el turno contesté que con el que quiere todo el mundo, que ETA desaparezca, pero que me daba la impresión que en ese momento ETA estaría preparando un atentado para demostrar fuerza, y, que está viva tras la detención de Txeroki  “ETA es ya un fin en si mismo, sin ideal ni programa alguno, sostenido por un colectivo, la mayoría de chavales que no habían nacido cuando murió Franco. De hecho, las últimas detenciones así lo dicen”.

No sabía yo al decir esto, que efectivamente, ETA acababa de robar un vehículo y se dirigía a Loiola para asesinar a Inaxio Uria cuando iba a echar su partida al Kiruri.

Una muerte absurda más. Un asesinato sin sentido hecho a un hombre del pueblo hecho a si mismo y participante en las cosas que hacen la mayoría de los vascos. Un asesinato al que se le añadía el silencio de un locuaz Arnaldo Otegi y de toda su gente y de toda ANV que gobernaba en Azpeitia.

El domingo, había salido una farragosa entrevista en GARA a Otegi hecha por los periodistas de corte, Iñaki Iriondo y Ramón Sola, de nada menos que de cuatro páginas donde la tesis principal era acumular fuerzas con EA, y Aralar, para desplazar al PNV de su relación con el estado. Otegi mostraba su verdadera cara no solo con ésta la obsesión de Gara, y de ANV, ETA y HB, sino que ante el terrorismo que eufemísticamente llaman "lucha armada" decía que el conflicto era una cosa y la necesidad de construir una estrategia eficaz para lograr un escenario democrático y luego avanzar en la creación de un estado vasco socialista, otra. En esa contestación estaba su calidad democrática.

Otegi quitaba importancia al horror de ETA. Años y años en la militancia de HB no le ha enseñado la verdadera dimensión de lo que representa ni le ha hecho reflexionar del daño que produce la violencia no solo a las personas sino a una sociedad a la que dicen servir. Su cobardía ante ETA, su silencio ante esa misma que le ordena romper las conversaciones de Loiola para dejar el campo libre a los atentados, se vio, a las 24 horas, confirmada por los hechos.

ETA una vez mas, como lo hizo en Arrasate queriendo probar la dureza del ánimo de ANV, mataba sin piedad y ponía patas arriba el ayuntamiento de Azpeitia cuando EA se salía de su gobierno, al no condenar los concejales de ANV, el horror que había vivido un hijo bueno de su pueblo.

Hay que recordar que con ese odio enfermizo hacia el PNV, Aralar, EA y ANV le habían arrebatado al PNV la alcaldía que había ganado en votos en mayo del año pasado. El modelo de Otegi para el país era ese, el que estaba no solo en Azpeitia, sino en Zumaia, en Muskiz y otras corporaciones.

Aprenda EA y Aralar que con cómplices de ETA no se puede hacer política y que el mal no puede ser banalizado. Quien se muestra imperturbable ante el asesinato de un vecino, no es digno de gobernar un municipio, ni le debemos delegar la decisión sobre las farolas, el pavimento, la presencia en Eudel, o las luces de Navidad. Sencillamente tienen que estar en la oposición, nunca jamás liderar nada.

El único homenaje que puede hacer Azpeitia en este momento hacia uno de sus hijos asesinados es sacar del gobierno municipal a gentes a los que les da lo mismo que se mate, se robe, se extorsione, se manifieste, que manipular. Es la parte enferma de la sociedad que tenemos y que tiene que estar en su sitio y sobre todo, desnudada del traje que nos roban a los demás, de hablar en nombre del pueblo vasco. El pueblo vasco no puede estar nunca representado por los cómplices de la violencia.
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