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Con la D, de relaciones

Con la D, de relaciones

lunes 08 de diciembre de 2008, 14:13h
Actualizado: 26 de marzo de 2009, 15:25h

Sí, la cuarta letra del alfabeto domina casi cualquier caracterización de las relaciones entre los países periféricos y el centro del poder económico y mundial. En un círculo más estrecho: las relaciones entre América Latina y Estados Unidos. Mirando desde el Norte, las “d” que sobresalen son: desdén, dominio, displicencia. De aquí hacia allá: decepciones, desconfianza, desaliento. No es muy difícil sacudir los hombros y sentenciar que no puede esperarse otra cosa, cuando lo que está en juego y en contradicción son los intereses de la metrópoli y los que ella presupone, de forma prácticamente natural, para sus subordinados o sus colonias. Un juicio de esa naturaleza atrapa un elemento clave de la situación, pero deja de lado otros que se verifican en el amplio espectro de matices que se da en cada relación estatal concreta. Se pueden encontrar algunas constantes como que el desprecio y el despotismo imperial crecerán en relación inversa con la debilidad del Estado dependiente, pero no viene al caso multiplicar los ángulos de análisis, si no detenernos en uno muy concreto que es de la situación que atraviesan las relaciones entre Bolivia y Estados Unidos y las posibilidades de modificación que podrían tener como producto del cambio de Gobierno en EEUU.

El Presidente de la República ha expresado en su última visita a New York que el Gobierno boliviano alienta expectativas en cuanto al ascenso de Barack Obama modifique la tónica de esas relaciones, eliminando al menos algunas de sus peores expresiones como la reciente supresión de las ventajas arancelarias que amparaban una parte de nuestras exportaciones. Nuestro Embajador ante la ONU ha denunciado que la decisión de George Bush es un claro castigo político, ante el abandono de la posición sumisa que caracterizaba a nuestro país y que es falsa su justificación referida al enfrentamiento del “narcotráfico”, donde Bolivia ostenta mayores realizaciones que otros países. Las cifras de disminución de cultivos e incautaciones de laboratorios y cocaína proporcionadas por nuestros representantes no han sido cuestionadas ni por EEUU, ni por organizaciones internacionales.

El asunto es si la posición nacional puede tener el peso suficiente para influir en la próxima administración y abrir espacio a una negociación que lleve a normalizar las relaciones diplomáticas y, más ambiciosamente, a replantearlas. La respuesta es casi automáticamente negativa, si se asume que toda la objetividad de nuestros argumentos no alcanza ni para hacer variar la escala de prioridades de EEUU, en la que nuestro subcontinente y nuestro país ocupan un puesto subalterno, ni la inercia burocrática que tiende a mantener la tesis del “escarmiento al pequeño país que se atrevió a echar a su embajador”. Por otra parte, en contraste con la novedad que significa la futura Secretaria del Departamento de Estado, algunos de los nombres mencionados para los puestos de segundo rango, que tienen una fuerza esencial en el terreno práctico, son conocidos por prácticas que no se diferencian mucho de los actuales responsables.

La verdadera ventana de oportunidad se encuentra en la necesidad que tiene el nuevo equipo de Gobierno de exhibir señales tangibles de que cumplirá su compromiso de cambio, para sacar a EEUU de la quiebra material y moral en que los deja el Sr. Bush y del recelo y rechazo internacional. Varios de nuestros vecinos están muy conscientes de esa chance y eso nos da la posibilidad de hacer propuestas que para tener eco y capacidad de generar acciones de bloque necesitan superar la retórica y el voluntarismo.

* Analista político y catedrático

hebdicom@yahoo.com

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