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Los espías, las ratas y los mentirosos

viernes 23 de enero de 2009, 14:49h
Actualizado: 27 de enero de 2009, 14:14h

Da vértigo pensar en lo sucedido en la Comunidad de Madrid en los últimos dí¬as. Primero nos cuentan que el consejero responsable de los temas de Seguridad, Francisco Granados, han montado un grupo de espías que ficha todo y hace seguimientos de personas indeseables para sus intereses políticos o personales. El jefe de los supuestos espí¬as lo niega todo y dice que todo es una “gran mentira” y que la trama de vigilancia ilegal denunciada es un grupo de ex policías, ex guardias civiles y técnicos de Seguridad que se encargan de custodiar las sedes oficiales y a los altos cargos con escolta.

A continuación, nos informan del espionaje realizado por ratas o personas despreciables al vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, en el que se insinúa que algo raro llevaba en una bolsa que desapareció de su mano cuando salió de un  hotel de una ciudad de Colombia a la que había llegado para hacer no sé qué.


 Rápidamente, todos deducimos que González fue espiado por Granados, quien rechazó todas estas aventuras de espí¬as y que los siguientes vigilados, el ex consejero de Aguirre Alfredo Prada y el vicealcalde de Gallardón, Manuel Cobo, no lo fueron porque no hay constancia de ello, más allá de los papeles que recogen sus movimientos.


Cuando el trauma provocado por esta supuesta trama de espías, ratas y mentirosos se hizo efectivo, los opinantes políticos, periodísticos y de otro tipo soltaron sus argumentos. Unos se pusieron del lado de Aguirre y otros apuntaron a la cabeza de la lideresa para cortársela, pero ni unos ni otros explicaron qué pintan todos estos siniestros personajes implicados en una actividad, ilegal a todas luces, y a la que parece que recurren otros muchos no para combatir los delitos sino para hacer una foto moral de los demás.

Ahora, después de una semana de películas de espías, da la sensación de que todo acabará no muy tarde, ya que al bipartidismo imperfecto no quiere desmontar lo que existe y prefiere que el tiempo seque el reguero de líquido inflamable que en cualquier momento les puede saltar delante de las narices.


Ignacio González, bajo la lupa de las ratas, quiere que todo se aclare, porque la desconfianza empieza a atragantarse en su cuello,  del que puede colgar un pañuelo de seda o una soga en forma de hilo fino que corta el sistema venoso sin dejar más huella que el rastro de su defunción política. Los acusados de contar con espías para segar la hierba que ilumina los recorridos de sus adversarios, conscientes de que la vigilancia a personas sólo es legal si la hacen agentes de los Fuerzas de Seguridad del Estado, a instancias judiciales, saben que las ratas que ofrecen información caliente a cambio de favores posteriores les tienen cogidos por los huevos y pueden acabar con ellos y sus ansias de poder. Por eso, todos los actores de esta obra de teatro han recurrido a la mentira para desviar la atención.


Todos saben más de lo que dicen, pero dicen sólo lo que consideran que puede entretener a plumillas y ciudadanos. Si Granados niega todo y González no pone la mano en el fuego por nadie de los que le rodean es porque Aguirre no sabe, o quizá sí, que jugar con fuego no está permitido a estos personajes enfrentados no sólo por el poder en Caja Madrid sino por la sucesión de su jefa. Que hablen contando la verdad y que la lengua de fuego se la metan en el trasero del contrario para conectar con la mente en blanco del que recibe.


Si al final todo ha sido un baile palaciego para deslumbrar a la ciudadanía y acabar con los descontentos, que se vayan juntos a la mierda y nos dejen en paz a todos, pero si es verdad que las ratas en venta forman parte de su peculiar zoo y trabajan a destajo para ellos, lo lógico sería que la Justicia les buscase un hueco en hoteles con barrotes y les posibilitase una terapia de rehabilitación para que dejen de mentir. No le dicen la verdad ni al médico, por eso fantasean con trabajar en asuntos turbios, sucios y que supone la puesta en marcha de una obra llena de ratas de la infamia que juegan a ser espías sin carné y sin vergüenza.

NINO OLMEDA

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