“Señor Zapatero: no he entendido nada… No, si usted tampoco; no se ría”. Así inició Mariano Rajoy su intervención en respuesta a la inicial de Rodríguez Zapatero en la que el presidente, convocado en el Congreso para explicar la reciente remodelación de su Gobierno, apenas sí dio unas líneas genéricas y repetidas hasta la saciedad sobre sus medidas contra la crisis económica. Sólo al final de su intervención, en unas breves líneas, justificó el cambio gubernamental en la necesidad de "acelerar la ejecución de las medidas" para luchar contra la crisis y preparar "la segunda fase" de esta situación.
Durante 25 minutos -mucho más breve que de costumbre- Zapatero habló de la evolución de la crisis económica, repitió las medidas que ha adoptado su Gobierno, enfatizó sobre los miles de millones de euros que el Ejecutivo ha puesto sobre la mesa para la creación de empleo en obra pública y sobre el nuevo fondo de avales del ICO. No desveló nada nuevo, salvo, acaso, su optimismo sobre que en los próximos meses se frenará la destrucción de empleo y que a finales de año se empezará a notar que la crisis ha tocado fondo y comenzará la remontada.
Tampoco ofreció el presidente datos que justifiquen su optimismo, aunque sí dijo que aumentará en unos 40.000 millones de euros la renta disponible de los ciudadanos por la bajada del euribor y del precio del petróleo, lo que será notado muy positivamente por las familias y, en definitiva, por el consumo y para el mantenimiento de los puestos de trabajo.
Sólo al final de su intervención inicial se refirió al objeto de esta comparecencia parlamentaria, pero lo hizo para jalear al Gobierno saliente (“ha sido el Gobierno que diseñó el conjunto de medias adoptadas, las aprobó y las hecho posibles”) y para afirmar que si ha cambiado a varios ministros-entre otros, al vicepresidente económico- ha sido “para ser más rápidos y eficaces en la lucha contra la crisis, para anticipar la recuperación, para incrementar la cooperación con todas las administraciones de nuestro país, junto al diálogo social”: Nada nuevo, por tanto.
La ironía de Rajoy
Mariano Rajoy aprovechó esta comparecencia para sacar lo mejor de su conocida ironía: “Lo único que he entendido yo de las explicaciones que ha dado aquí es que César Antonio Molina ha sido cesado como consecuencia del G-20”. Rajoy le echó en cara que no haya explicado ni la crisis de Gobierno ni la económica ni las medidas nuevas que piensa adoptar; y le repitió que este Gobierno no tiene rumbo, que no sabe a dónde va, que “sigue como si no pasara nada, como si su palabra valiera oro” y que en esta “segunda fase” que ha abierto en su Ejecutivo con un ‘cambio de ritmo’ ahora “avanzamos mucho más rápido hacia el abismo”.
Rajoy insistió en la idea de que estamos frente a “un Gobierno provisional”; que la vicepresidenta Elena Salgado es “imprevisible” en materia económica y que Zapatero la ha colocado sustituyendo a Pedro Solbes simplemente para que “no ponga freno a su derroche”, convirtiéndola de hecho en una secretaria de Estado; que ha mantenido Ministerios inservibles, como el Cristina Garmendia, o que ha traspasado competencias -deportes, asuntos sociales, etc.- como en un juego de trileros. En definitiva, que ha utilizado “triquiñuelas de mal pagador que quiere ampliar los plazos”.
En su primera intervención, Rajoy también acusó a Zapatero de "ofrecer esperanza a palo seco" y le bombardeó a preguntas: "¿En qué consiste el cambio de ritmo?"; "¿Qué significa el nuevo impulso y la segunda fase?", "¿Cuál será la tarea de los nuevos ministros?", "¿Quién se va a ocupar de la negociación de la financiación económica?"…
Las pensiones y el “espectáculo memorable” entre el Gobierno y el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, centró una buena parte de la intervención inicial de Rajoy. "El mismo que decía que no había crisis dice ahora que las pensiones no corren peligro", ironizó, una vez más, el líder del PP, para echar en cara al Gobierno esa idea que se transmite de que "las pensiones se pagarán supuesto que gobierne el PP". La frase final casi lo resume todo: “El mayor problema de la crisis económica es usted y sólo acierta cuando nos hace caso”.
Espoleado, Zapatero arremete contra todos
Curiosamente, la ‘explicación’ de las razones que han llevado al presidente a cambiar su Gobierno corrió a cargo del portavoz socialista, José Antonio Alonso, que en su toma de posición ya marcó los derroteros en los que iba a abundar minutos después Zapatero en la réplica. Le dijo Alonso a Rajoy la siguiente frase: “Usted se está convirtiendo en el político de los chistes y acabará convirtiéndose en el chiste de los políticos”.
Espoleado por la dura crítica de Rajoy, Zapatero tuvo una larguísima réplica de 60 minutos –el doble del tiempo que le ocupó su intervención inicial- para repartir leña a los portavoces de los grandes grupos. De su boca salieron todo tipo de calificativos especialmente duros hacia el popular Rajoy, pero tampoco se libraron Durán i Lleida (CiU), Josu Erkoreka (PNV) y Joan Ridao (ERC), y mantuvo una distancia equidistante con Rosa Díez (UPyD). Pero el presidente dejó ver su juego parlamentario lanzando y recogiendo flores de los que a partir de ahora serán sus aliados parlamentarios: Joan Herrera (ICV-IU), Ana Oramas (CC), Francisco Jorquera (BNG) y Carlos Salvador (UPN), aunque sorprendentemente no citó ni en agravios ni en agradecimientos a una ‘aliada natural’ como es Uxúe Barkos (Na-Bai).
Rajoy, claro, se llevó la peor parte del Zapatero tronante: le recordó que había pasado por cinco Ministerios distintos en la etapa Aznar “…y fuese y no hubo nada”; le pidió que no diera lecciones a Manuel Chaves, porque él ha ganado seis elecciones seguidas y Rajoy ninguna; le acusó –a Rajoy, pero también al resto de los portavoces- de “ocultar” la buena noticia de que Audi fabricará su nuevo coche en Cataluña, y, en fin, le negó la mayor en cuanto a la situación de la Seguridad Social, de la que dijo que en este año su superávit será de 5.900 millones de euros y que el sistema es “solvente” de aquí a veinte años.
Con Durán i Lleida fue especialmente duro: le pidió “coherencia, para que usted mantenga su credibilidad” –Durán arqueaba las cejas en el escaño, no se creía lo que estaba oyendo-, y le anunció que se vaya preparando porque habrá más debates sobre el nuevo modelo de crecimiento económico.
Con el vasco Josu Erkoreka entró hasta en el capítulo personal-descalificatorio –así están las cosas con el PNV-: “Me produce una gran decepción”, le llegó a decir por haber caído en la “crítica facilota, superficial, tontorrona”. Vamos, que le acusó de tener una dialéctica de “chascarrillos”.
Con Joan Ridao (ERC) no tuvo más compasión: Zapatero calificó de “insólitas” las afirmaciones del nacionalista catalán, le espetó que la vicepresidenta Elena Salgado “no está en el lateral derecho”, como la situó Ridao, y le arrojó a la cara que de una manera o de otra en mayo se cerrará el acuerdo sobre el modelo de financiación autonómica.
En definitiva, sólo hubo frases amables para los ‘buenos’ –Herrera, Jorquera, Oramas y Salvador-, a los que agradeció su “disposición al diálogo”. Pero Zapatero no habló ni una sola palabra del objeto origen de esta comparecencia parlamentaria: por qué y para qué ha hecho la reciente crisis de Gobierno.