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Todo está listo para que la otrora poderosa compañía resurja

Chrysler confía en que renacerá tras la bancarrota con su alianza con la  Fiat en la producción de automóviles

Chrysler confía en que renacerá tras la bancarrota con su alianza con la Fiat en la producción de automóviles

Chrysler puede resurgir de la bancarrota en 60 días. Muchos de los pasos reestructurares que normalmente se dan en los tribunales ya se han tomado: Los sindicatos han aceptado el nuevo contrato; Fiat está de acuerdo con la nueva alianza y dos tercios de Chrysler, más del 40 por ciento de los acreedores, han aceptado el pacto que ha mediado el gobierno para saldar la deuda

Un antiguo concesionario de Chrysler, a unos 10 kilómetros de la capital de Estados Unidos, Washington, está sin utilizar. Todo está parado. Sin embargo, para dentro de unos meses, la compañía que lo dirige, Passport Auto, prevé reabrir el local como concesionario de MINI, el pequeño utilitario de consumo eficiente y convertido casi en una pieza de culto, que ahora fabrica la alemana BMW.

La deserción de este concesionario expone el amplio problema que Chrysler LLC y otros fabricantes de Estados Unidos vienen afrontando en la última década: la competencia extranjera se está comiendo el mercado fabricando coches más pequeños y ecológicos, que cada vez son más populares, especialmente mientras subía el precio del crudo.

Los "tres grandes" que en su tiempo dominaron Detroit, Chrysler, General Motors Corp. y Ford Motor Co., no llegan a sumar juntos la mitad de los coches que se venden en Estados Unidos.

Desde octubre pasado los problemas en esta industria han empeorado drásticamente con una recesión brusca, que ha hecho derrumbarse las ventas en Estados Unidos casi un 40 por ciento, hasta los cerca de 10 millones de coches por años, la cifra más baja en casi un cuarto de siglo.

El jueves Chrysler se convirtió en la primera de los Tres Grandes en verse obligada a declarar la insolvencia. El presidente estadounidense, Barack Obama, que había dado como último plazo el jueves para presentar un plan de viabilidad a largo plazo, anunció la decisión tras fracasar las conversaciones de último minuto para convencer a los acreedores de que perdonaran la deuda de la compañía.

Pero las esperanzas de Chrysler están depositadas en su nueva alianza con el fabricante italiano de Fiat, que se sometió a una amplia reestructuración a principios de década. Esto ayudará a que una vez la compañía estadounidense salga de los tribunales se convierta en una empresa más racionalizada con productos más populares, de consumo eficiente.

Por el acuerdo alcanzado, Fiat transferirá gran parte de su conocimiento tecnológico a las plantas de Estados Unidos. La idea es que Chrysler fabrique eventualmente sus propios pequeños modelos de la marca italiana para el mercado norteamericano.

Pero el hecho de acogerse a la ley para ir a la bancarrota constituye una apuesta tanto para Chrysler como también para la industria del automóvil en Estados Unidos. Cuando los tribunales reorganizan empresas pueden demorarse años y los consumidores no están por la labor de compar vehículos de un fabricante cuya existencia está difuminada.

"La bancarrota no fue nunca mi primera opción", reconoció el presidente de Chrysler, Bob Nardelly, quien enseguida puntualizó que de todos los planes para esta opción han sido bien desarrollados durante las últimas semanas.

Desde diciembre, los jefes de los Tres Grandes han proclamado a los cuatro vientos que el colapso de uno de ellos podría contagiar de forma letal a toda la industria estadounidense.

Incluso los fabricantes extranjeros se habían sumado a los llamamientos al gobierno el año pasado para que ayudaran a sus rivales estadounidense, en apuros.

"Nuestra industria es altamente interdependiente, y la salud de la base de apoyo y de la red de concesionarios es crítica para todos los fabricantes", se afirma en un comunicado emitido el jueves por Ford, el único fabricante estadounidense que no ha precisado de ayudas estatales.

Durante las próximas semanas, este planteamiento con Chrysler tal vez sirva como prueba para General Motors, el mayor fabricante de utilitarios de Estados Unidos, y que puede que también se vea abocado a la bancarrota cuando expire el ultimátum lanzado por el gobierno, el 1 de junio.

La Casa Blanca insiste en que Chrysler puede resurgir de la bancarrota en 60 días. Argumenta que muchos de los pasos reestruturales que normalmente se dan en los tribunales ya se han tomado: Los sindicatos han aceptado el nuevo contrato; Fiat está de acuerdo con la nueva alianza y dos tercios de Chrysler, más del 40 por ciento de los acreedores, han aceptado el pacto que ha mediado el gobierno para saldar la deuda.

Las autoridades en Michigan, que ha aguantado el recorte de miles de trabajos en la industria automotriz y el cierre de fábricas en los últimos años, ponen buena cara a estos tiempos difíciles que afronta Chrysler y toda la industria que le rodea, pues confían en que pueda salir reforzada de la recesión.

"Los próximos dos meses serán desafiantes", dijo la gobernadora de Michigan, Jennifer Granholm. "Pero el futuro de Chrysler es ahora más seguro que lo ha sido en mucho tiempo, porque ahora sabemos que los empleos se mantendrán y vendrán nuevos puestos de trabajo", añadió.

 

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