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Juan José Huerta

Influenza, the mexican way

Influenza, the mexican way

sábado 09 de mayo de 2009, 04:34h

Influenza, the mexican way

 

Juan José Huerta

 

La presente crisis sanitaria está mostrando en todo su esplendor el modo mexicano de hacer las cosas, de resolver los problemas: un sistema flexible, transaccional, con capacidad de superar momentos críticos con grandes aspavientos y con poco apego a los datos duros o a los procedimientos técnicos, pero sin comprometer la gobernabilidad ni la libertad; con mecanismo de negociación social para llegar a transacciones, incluso respecto a los casos más difíciles. Todo ello envuelto en un nacionalismo prominente y dentro de un país suficientemente generoso para soportar los costos. La crisis pasará, los mexicanos habremos aprendido de ella y México, a pesar de todo, habrá avanzado algo y será un poco mejor, aunque siempre quedará flotando la idea de que muchos aspectos podrían haber sido manejados de manera diferente, más eficientemente.

 

La epidemia de influenza en nuestro país, de posible origen estadunidense, se empezó a registrar por diversas autoridades de salud a mediados de marzo. Por diversas razones, incluida la falta de laboratorios para identificar precisamente el virus y presuntas fallas en la evaluación temprana de reportes sobre los brotes atípicos de neumonía, estando vigentes los procedimientos del “Plan Nacional de Preparación y Respuesta ante una Pandemia de Influenza”, fue hasta el 23 de abril que se estableció la alerta nacional, formalizada mediante un decretazo el día 25 que establecía indiscriminadamente fuertes medidas restrictivas y paternalistas en toda la república, en un periodo de 5 días, aunque sin información suficiente para graduarlas en los estados de acuerdo a la situación en cada uno. Las muchas contradicciones en su aplicación han sido ampliamente comentadas.

 

Y aquí está el quid del asunto; los datos, evaluaciones y diagnósticos seguían siendo incompletos, y no se contaba con un mapa preciso de riesgos, geográfico y de nivel de gravedad, ni siquiera de la ciudad de México, que concentraba la mayoría de casos sospechosos, quizá manifestación de esa característica también muy nuestra de aversión a las estadísticas que nos muestren los hechos en su real dimensión. Y no se trataba de divulgar la identidad de los enfermos, sino saber dónde y cómo, aunque sea probablemente, se habían infectado y qué condiciones pudieron agravar la mortalidad: retraso en acudir al doctor, deficiencias en la atención médica, padecimientos pre-existentes, malas condiciones del medio ambiente.

 

Pero la decisión fue irse por la segura, con protocolos de sanidad referidos a una epidemia de mucho mayores proporciones, según afirmación del propio secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, de que se aplicaron incluso procedimientos de la Fase 6, la máxima a nivel mundial, que es cuando se declara una pandemia. Esto permite al presidente Calderón reiterar que “México ha defendido a toda la humanidad de la propagación del virus de la influenza, al actuar con firmeza y prontitud, con la prioridad de proteger a los mexicanos”.

 

Pues sí, fuimos superresponsables pero no se calcularon los otros graves riesgos a que nos enfrentábamos y que se hicieron evidentes muy rápidamente cuando el mundo se amedrentó de lo que estaba pasando en nuestro país y empezó a mostrar hostilidad o rechazar lo que de él proviniera: turistas, productos, inclusive ayuda humanitaria en el caso de Haití (esto último para Ripley).

 

Y entonces nos metemos en la onda del patriotismo y hasta en la ONU decimos que hay “discriminación” contra turistas mexicanos en el exterior, “debido a la ignorancia y la desinformación”, según afirma reiteradamente el presidente Calderón. A decir verdad, eso no fue discriminación ni racismo; los gobiernos de esos países —con buena o escasa racionalidad, y con excesos, es cierto— aplicaron las medidas que dictaban sus propios protocolos de alerta, como en México prescribía el propio decreto federal del 25 de abril, y sobre todo vistas las alarmantes noticias que el gobierno mexicano era el primer encargado de difundir.

 

Y entonces se tensan los lazos con Argentina, Singapur, Hong Kong y otros países, y parece que casi rompemos relaciones con China, siendo el propio presidente Calderón el que se mete al ring en las fuertes críticas a esos países (hasta a Egipto le toca), y acusa también a China de ocultar información sobre el SARS (y a Argentina de deficiencias en el combate al dengue), no importa que un alto funcionario de la SRE hubiera declarado poco antes que “a México le importa reanudar a la brevedad relaciones absolutamente normales con China, ya que es un socio importante”, y que, otros días atrás, cuando dio la impresión de que los mexicanos estábamos ávidos de la ayuda del exterior para combatir la epidemia, el presidente se hubiera apersonado en el aeropuerto a recibir la ayuda de ese país (¿qué proporción de esa ayuda se gastaría en fletar el avión especial para traer a los turistas puestos en cuarentena en China?).

 

Muy rápidamente, el gobierno federal adquiere equipo nuevo, “el más moderno del mundo, con el que no cuenta ningún otro país de América Latina”, para confirmar en detalle la presencia del nuevo virus A/H1N1, causante de la epidemia, y es entonces que las estadísticas se van depurando y ésta adquiere su real dimensión, con lo que uno se ve tentado a pensar que el “Plan Nacional de Preparación y Respuesta” debió haber determinado de tiempo atrás la adquisición de esa capacidad instalada de análisis y diagnóstico, ya que no parece haber sido especialmente onerosa o difícil de encontrar.

 

Aunque quien esto escribe no comulga con las teorías de la conspiración que han proliferado a propósito de la crisis de la influenza, inspiradas por atavismos profundos y, en algunos casos, por el interés partidario o la ignorancia infinita, sí está claro que la crisis ha dado muy buena ocasión de protagonismo político, que los funcionarios involucrados buscan muy oportunamente aprovechar en estos tiempos electorales, con decretos draconianos, presentaciones aparatosas, cubrebocas que no se quitan, corbatas que sí, aguas llevadas al propio molino de algunos en la exagerada paráfrasis de los “12 días que cambiaron a México”. Puntos de acuerdo impulsados por los diversos partidos en el Congreso para mostrar “su firme rechazo a las medidas discriminatorias y xenófobas de las que han sido objeto los mexicanos en el exterior por la epidemia de influenza”; el PRD cumpliendo su propósito de hacer sus propias relaciones exteriores, mediante el envío de cartas de protesta a los embajadores de Argentina, China, Cuba y Francia, por las “medidas discriminatorias adoptadas por sus naciones contra mexicanos por el brote de influenza”.

 

Pero el que casi no querría aparecer, porque en realidad no tiene mucho que ofrecer, es el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, atrapado, parece, entre el poco movimiento del programa de infraestructura, la crisis de ingresos fiscales que viene y la falta de imaginación de su dependencia sobre un programa emergente para contrarrestar los perniciosos efectos de la pandemia económica.

 

Pero, a final de cuentas, no nos preocupemos tanto; the mexican way es operante y activo; el país está entero. Todo debe volver a una nueva normalidad. Y sí, sinceramente, México habrá avanzado otro poco, y tendrá un sistema de salud mejor preparado, con mejor infraestructura, y costumbres añejas renovadas, como lavarse las manos y tener escuelas limpias. El aparato político retoma su camino normal a las elecciones de julio, con los distintos salvadores de México en acción; la Bolsa Mexicana sube 15 por ciento en el mes. Frecuentemente, dice el presidente Calderón que “son las adversidades las que forjan el carácter de los pueblos y de las personas”; así es, pero también los éxitos y los logros lo hacen, y tenemos muchos campos de acción para buscarlos en los temas de la agenda siempre presente: seguridad, economía, salud, medio ambiente. Y un poco de cuidado para no infringir en las nuevas legislaciones las libertades del mexicano.

 

huertajj02@hotmail.com

 

pliegodejjhuerta.blogspot.com

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