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¿Y los delegados? Ya han sido “cepillados” Sr. Presidente

viernes 05 de junio de 2009, 11:55h
Actualizado: 07 de junio de 2009, 20:04h

Acaba de fallecer en Santiago de Chile, Pedro de Aretxabala. Tenía cien años. Manuel de Irujo en 1941 lo designó Delegado del Consejo Nacional Vasco con sede en Londres durante la ausencia del Lehendakari Aguirre en su fuga vía Berlín. Aretxabala era un vasco chileno influyente y muy conocido en la colectividad de un país como Chile donde lo vasco tiene mucha importancia. No en vano Miguel de Unamuno escribió que las dos únicas cosas que habían hecho en serio los vascos en su Historia habían sido la Compañía de Jesús y la República de Chile.

Aparecido Aguirre en Brasil después de su novelesca peripecia lo confirmó en su puesto y en 1956 representó a los vascos chilenos en el Congreso Mundial organizado en París por el Gobierno Vasco en el exilio, con presencia de Consejeros socialistas que tuvieron mucho protagonismo en aquellas sesiones coordinadas por el ex diputado alavés del PNV, Javier de Landaburu. En 1982, siendo Garaikoetxea Lehendakari viajó a Donosti donde se reunió el primer Congreso de Colectividades Vascas en el exterior en tiempos de Ramón Labayen como Consejero del Departamento de Cultura. En aquel viaje hizo pública su renuncia después de haber servido al Gobierno Vasco en el exilio por espacio de cuarenta años. Su actual sucesor, Jon Erdozia acaba de ser cesado por el gobierno de Patxi López. Sin la menor contemplación ni consideración.

Hace ahora setenta años, fecha que no está siendo recordada, llegaron los primeros exiliados a Venezuela en barcos cargados de antiguos gudaris con sus familias, quienes ante los anuncios de una guerra mundial y, habiendo pasado las calamidades de la civil, buscaban nuevos espacios para rehacer sus vidas. Lo primero que crearon fue la “Asociación Vasca de Socorros Mutuos” con el lema de “Vasco ayuda al Vasco”. Y se ayudaron entre ellos. El primer Delegado del Gobierno Vasco en Venezuela fue José María Gárate, autor de  la letra del “Eusko Gudariak” y quien había sido presidente del Bizkai Buru Batzar. El segundo el capitán de la marina mercante, Ricardo Maguregui, el tercero el Dr. Luis Bilbao fundador de la Universidad Vasca, el cuarto Lucio Aretxabaleta, que había sido presidente de Juventud Vasca de Bilbao y que murió con su esposa en el terremoto de Caracas en 1966 y el último Fernando Carranza, de Portugalete y amigo del desaparecido Jesús de Galindez. ¡La cantidad de cenas y de coritos de Gabón que habremos organizado para obtener fondos y mantener la institución del Gobierno Vasco en el exilio en donde, además de Consejeros del PNV, los había del partido socialista de Euzkadi, de Unión Republicana y de la ANV histórica!. El lehendakari Aguirre, tras la caída de Bilbao había dicho en Trucíos que volvería con su Gobierno para dar cuenta, bajo el Árbol de Gernika, de la gestión realizada y con la clásica terquedad vasca, aquella institución nacida tras la aprobación en el Congreso de los Diputados, en octubre de 1936, del primer estatuto de autonomía, se mantuvo hasta el final. Jesús María de Leizaola, que asumió en 1960 el cargo de segundo Lehendakari en el cementerio de Donibane Lohitzun, solo volvió cuando los vascos, tras el referéndum del Estatuto de Gernika el 25 de octubre de 1979, hace ahora treinta años, volvimos a tener una hoja de ruta aprobada por todos. O por casi todos. Podía haber vuelto como Tarradellas mucho antes, pero se quiso mantener aquella llama encendida en sublime quijotada como fue la de mantener durante cuarenta años una institución en el exilio, nacida del primer Estatuto.

Y a esa Institución la mantuvieron las Delegaciones en el exterior.

Este para mí fue un mundo institucional muy rico en el que aprendí que el secreto de una convivencia ordenada en libertad pasaba por dotar a una sociedad de unas instituciones democráticas, asentadas en la voluntad popular y con vocación integradora. De ahí que cuando a Venezuela llegaban en visita los Lehendakaris o las personalidades del exilio nacionalista y de la República como Irujo, Rezola, Landaburu y otros más y mantenían sus reuniones, hablaban del próximo fin de la dictadura, de la vuelta al sistema de partidos, de la convivencia entre distintos. Por eso sabíamos que los Delegados eran una especie de embajadores de aquella utopía llamada democracia. Los Delegados pues eran personas respetadas en la colectividad y servían de interlocutores ante las autoridades del país en las que se encontraba asentada aquella colonia de vascos.

Tratando de paliar este inmenso desconocimiento de la ingente y tan meritoria labor realizada, el 31 de enero de este año, el joven historiador Eneko Sanz, bajo la dirección de Alberto Angulo y Oscar Álvarez Gila como directores y acompañado de Joseba Aguirre, Unai Kontxa, Aitziber Milikua, Jon Mujika y Lucía Polo terminaron su estupenda tesis “Las Delegaciones de Euzkadi, antecedentes Históricos, origen y desarrollo (1936-1975)” un magnífico trabajo cuyo enunciado lo dice todo y del que seguramente el actual secretario general de la Presidencia del Gobierno de Patxi López lo desconoce todo. Quizás de haber tenido algo más de información y una gota más de sensibilidad política no hubiera propiciado el fulminar de un plumazo a quienes llevan años trabajando en la creación de una ordenada y eficaz presencia vasca en el exterior sin atisbo de sectarismo frentista. ¿A que desmontar con un decreto algo que funciona bien, tiene acreditado su buen hacer, ha sido un eficaz instrumento de promoción de las empresas y empresarios vascos?. ¿Por qué regla de tres hay que hacer como en esos países bananeros donde no existe una administración pública seria y cuando cesa un gobierno se lleva el cesante no solo los cacharros de la cocina y la vajilla sino a todos los nombrados por él?. ¿Pero no habíamos quedado en que había una mano tendida hacia el partido que había ganado las elecciones?.

Pero lo grave no fue solo el cese de todos los jóvenes y bien formados Delegados, sino el anuncio de que estos representantes carecerán de perfil político en el futuro. Euzkadi, dejará de ser singular y funcionará al calor de las embajadas españolas, como si fueran representaciones de la Autonomía de Murcia. Con perdón. Nada que ver con la política del socialismo catalán que convierte sus delegaciones en auténticas embajadas.

Pero no hay que extrañarse. Esta grave decisión está en la onda de un ejecutivo que no respeta el pasado ni la singularidad vasca.

El pasado domingo la Consejera del Departamento de Educación Isabel Celáa no estuvo en el Día de las Ikastolas argumentando problemas de agenda. Al parecer los problemas de agenda consistían en cambiar el Día de las Ikastolas por el Día de la Rosa y aplaudir al presidente del gobierno español en su visita a Barakaldo. Espero que ésta señora no se queje en el futuro de la sospecha y de la poca credibilidad que tienen sus palabras en ese mundo cuando ha actuado con semejante torpeza y con semejante actitud. En democracia las formas son el fondo.

Pero es que ésta señora no fue a Galdakano pero tuvo que aplaudir a un Rodríguez Zapatero que decía lo siguiente en el BEC de Barakaldo: “Que sepan que el Lehendakari y el Gobierno de España saben dialogar, saben lo que representan en la sociedad vasca, y saben que esa Euzkadi del siglo XXI, de convivencia integradora, de pluralidad a respetar, de proyección hacia Europa y hacia el mundo, de una Euzkadi viva, fuerte y en paz, eso hay que hacerlo entre todos y con todos, y por supuesto, también con el PNV, aunque esté en la oposición. Eso es lo que nos diferencia: que el nacionalismo y el PNV han querido hacer su modelo, su país, su identidad y en Euzkadi eso no tiene futuro”. Eso lo dijo Zapatero. Lo que dijo Patxi López fue algo parecido: “No quiero gobernar contra nadie, quiero mirar a la sociedad, aunar voluntades hacer de la convivencia un referente del país y aprovechar las potencialidades del autogobierno para ponerlo al servicio de la ciudadanía”. López se negó a construir una Euzkadi contra nadie y mucho menos dividida mientras “se comprometía a no tomar ni una sola medida que marginara a nadie”.

Bla, bla, bla. Porque todo esto ocurrió la semana en la que López cesó a todos los jóvenes delegados del Gobierno Vasco, anunció la rebaja del perfil político del cargo, acabó con Corres y González de Txabarri como Autoridades Portuarias, apostó por un antinacionalista vasco militante y beligerante como Presidente del Tribunal de Cuentas, su Consejera no acudió al día de las Ikastolas y Euzkadi perdía su fuente de Espalación porque la ministra Garmendia, la que nos dijo que la transferencia de Investigación no nos convenía, conseguía solo el apoyo de Portugal frente al apoyo de nueve países europeos a Suecia. De traca.

Y para colmo del recochineo, en el mismo mitin, el muy “mesurado” Sr. Pastor había logrado las mayores ovaciones con afirmaciones como éstas: “Si los del PNV se pican que se rasquen, que van a tener que rascarse mucho tiempo”.

Todo como se ve muy edificante y muy integrador pero sobre todo muy falso. De momento todo consiste en decir una cosa y en hacer la contraria: pacto PSE-PP, presidencia del Parlamento Vasco, presidencia del Tribunal de Cuentas, entrar en Lakua como un elefante en una cacharrería no dejando títere con cabeza, quedarse callados ante la pérdida de la ubicación de la Fuente de Espalación, cesar al Letrado Mayor del Parlamento, quitarle al PNV un senador, y decirle a Ibarretxe que se quede en su casa de LLodio haciendo ciclismo.

Si este es el Cambio tan esperado que venga Indalecio Prieto y que lo vea.

Esta debe ser la política de la mano tendida. ¡Al cuello!.

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