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Conspiradores

Conspiradores

lunes 08 de junio de 2009, 16:31h
Actualizado: 11 de junio de 2009, 19:08h

Una democracia sólida es un sistema político en el cual se cumple a cabalidad la voluntad popular manifestada en las urnas, sin distorsiones, manipulaciones, ni falsas interpretaciones, llevando a la conducción del Estado y a la representación institucional a aquellos candidatos que hayan merecido el respaldo mayoritario de la ciudadanía, en un proceso de transparencia, legalidad, y libertad. Una democracia sólida es también la que se integra con ciudadanos participativos que cumplan las leyes y respeten a sus gobernantes.

Pero además, una democracia sólida es aquella que demuestra que los gobernantes y funcionarios elegidos son capaces de respetar las leyes, promover el progreso, resolver los problemas de la convivencia... y permanecer en el poder hasta concluir su mandato.

Es por eso que la fortaleza de la democracia se fundamenta en la voluntad colectiva de participar y mantenerse en ella, y no la pueden afectar ni las actitudes totalitarias de funcionarios públicos que no comprenden la importancia de vivir un régimen de libertad, ni los planteamientos de unos cuantos dirigentes a quienes en forma recurrente el gobierno califique de "conspiradores", con o sin razón; ni la fuerza de militares que actúen como "sediciosos".

Se ha hecho costumbre en algunos gobiernos, y particularmente en el actual, dentro de una estrategia regional socialista, defenderse de las inculpaciones de incapacidad, o de decisiones inconvenientes, o de otras acusaciones mayores… acusando a su vez a otras personas como responsables de todos los males, ya se trate de gobernantes anteriores, o de pelucones, o de periodistas pagados por la CIA, o de Generales policiales que defienden beneficios que han considerado estaban en riesgo de ser eliminados.

Entonces, las acusaciones se vuelven genéricas, sin dar nombres ni especificar casos concretos que puedan ser judicialmente investigados, juzgados y sancionados. Simplemente se anuncia la existencia de actos de corrupción, de traición, de complot, de conspiración, o de cualquier acción que destruya la credibilidad, el honor, la dignidad o la imagen de quien se hubiera atrevido a criticar o discutir una decisión del régimen, o hubiera hecho pública una información perjudicial para el Gobierno o sus aliados.

Si queremos vivir en nuestro país un verdadero sistema democrático, y que tenga plena vigencia el Estado de Derecho, debemos acatar las leyes, respetar a los demás, a gobernantes y gobernados; tenemos que luchar todo el tiempo por mantener las libertades en sus distintas manifestaciones, y jamás dar paso a que se acuse a todos los críticos como si fueran… conspiradores.

valvarez@hoy.com.ec

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