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¿Es en serio?

¿Es en serio?

lunes 08 de junio de 2009, 16:33h

En días pasados, altos representantes de la “revolución ciudadana” dijeron o aprobaron cosas que nos hicieron dudar si estaban hablando en serio o se trataba de una broma pesada.

La primera provino de Carlos Vallejo, presidente del Directorio del Banco Central, entidad que incrementó las tasas máximas para los créditos de consumo y el microcrédito de subsistencia.

El problema no está en el aumento de los techos, pues esos tipos de préstamos son los más costosos y riesgosos para las instituciones financieras, por lo que una mayor tasa, que compense esos costos y riesgos, puede ayudar a reactivar la oferta de crédito en esos segmentos.

El problema está en el argumento que Vallejo dio para subir las tasas: que se lo hizo porque no es bueno que el pueblo se endeude comprando bienes suntuarios como las “doras” (es decir, línea blanca) y, por tanto, la medida busca disuadir ese consumo.

Es decir, Vallejo (a quien los artefactos que facilitan las tareas domésticas o significan una mejora en la calidad de vida de la gente le parecen un lujo) se cree con derecho a determinar qué debe y qué no debe consumir “el pueblo”, lo que es una ofensa hacia ciudadanos adultos que no necesitan que una autoridad les diga qué les conviene.

Los miembros del Congresillo también aportaron a nuestro asombro al aprobar varias reformas al Código de la Niñez, según una de las cuales, en caso de que el padre biológico no cumpla con su obligación de pagar las pensiones alimenticias de sus hijos, esta responsabilidad recae sobre abuelos, tíos y otros parientes, quienes incluso pueden terminar presos.

Los asambleístas quieren obligar, por ley, a hacer algo que debe ser espontáneo y voluntario. Pero lo más preocupante de todo es que se está haciendo responsable a una persona de las culpas de otra, lo que no es justo por muy parientes que sean. Imaginemos qué ocurriría si el mismo principio se empieza a aplicar a otros ámbitos. Quizá por todas las “joyas” que nuestras autoridades dicen o hacen deberíamos comenzar a castigar a sus allegados. ¡Pobrecitos!

jhidalgo@lahora.com.ec

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