Así, ha prosperado la primera de las dos candidaturas que España había elevado a esta XXXIII reunión del Comité de Patrimonio Mundial, porque dicho órgano de la Unesco ha devuelto a los países parte la candidatura el Binomio mercurio-plata en el Camino Real Intercontinental, participada por España a través de Almadén. La candidatura de la Torre de Hércules, monumento de origen romano enclavado a orillas del Océano Atlántico, estaba defendida por la Xunta de Galicia y el Ayuntamiento de a Coruña, representados por el Ministerio de Cultura en dicho cónclave.
La Torre de Hércules es un faro de origen romano, construido sobre un promontorio rocoso bañado por el Océano Atlántico. La construcción original está protegida por un recubrimiento del siglo XVIII para cuya realización se emplearon ejemplares técnicas de restauración. Es el único faro de la Antigüedad cuyo uso se ha mantenido hasta la actualidad.
Para ser incluidos en la Lista de Patrimonio Mundial, los bienes deben tener un valor universal y cumplir por lo menos, con uno de los criterios de selección indicados en las Directrices Prácticas sobre la aplicación de la Convención del Patrimonio Mundial.
Testimonio único y valor arquitectónico

En el caso de la Torre de Hércules, los criterios por los que se ha presentado son su papel como testimonio
"único o al menos excepcional sobre una tradición cultural o una civilización viva o desaparecida", algo cumplido al tratarse del único ejemplo conservado de faro de la antigüedad que, a pesar del tiempo transcurrido desde su construcción, sigue cumpliendo en el siglo XXI su función como señal marítima.
En este sentido, el gallego es el último eslabón de una gran cadena de la que formarían parte los principales faros del mundo antiguo. Entre ellos hay algunos ejemplos emblemáticos, como el faro de Alejandría o el Coloso de Rodas, que fueron reconocidos por Antípatro de Tesalónica como una de las siete maravillas del mundo antiguo.
La de A Coruña es la única señal marítima que se mantiene operativa de todas las torres de apoyo a la navegación que la civilización romana construyó tanto en el litoral mediterráneo como en el atlántico.
Ha pesado también su papel
"eminentemente representativo de un tipo de construcción o de conjunto arquitectónico o tecnológico, o de paisaje que ilustre uno o varios periodos significativos de la historia humana", porque la Torre de Hércules es un ejemplo eminente de un tipo de construcción de ingeniería romana
"que no tiene parangón ni dentro ni fuera de los limes del Imperium", según destacó el Ministerio de Cultura.