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A vueltas con la gripe A

lunes 17 de agosto de 2009, 18:51h
Actualizado: 20 de agosto de 2009, 17:42h
El otoño próximo puede ser muy caliente, a juzgar por los datos que últimamente se disparan respecto a la pandemia de gripe A que nos ataca. El tema, que hasta ahora se ha conducido con maestría desde el punto de vista informativo, está empezando a tomar un cáriz que no me gusta nada: la combinación de verano sin serpiente y políticos declarando más de la cuenta no puede dar nada bueno. De ahí que note en el aire un cierto arranque de histeria colectiva. Primero fueron las recomendaciones de no besarse para evitar contagios: ahí es nada, dejar a los españoles, siempre tan efusivos, sin este tradicional saludo, y justo en el momento en que más se practica: "hombre, fulanita, ¿ya has vuelto de vacaciones?¿cómo te ha ido?".

El tema siguió con otro consejo bienintencionado: tampoco, por las mismas razones, deben besarse de forma masiva imágenes religiosas. Una sugerencia que llegó en vísperas de la virgen de agosto, la que celebran posiblemente en más pueblos de la geografía nacional con romerías varias. Entre los que no se enteraron de la recomendación y los que voluntariamente decidieron no seguirla, la renta per capita de ósculos no ha bajado apenas nada. Ni me imagino un Medinaceli sin las colas inmensas para besar los pies de la imagen, limpiados a continuación en cada caso, sí, pero con el mismo pañuelo, que quedaría al final de la jornada plagadito de miasmas.

Más advertencias: la sidrina se convierte en un elemento de contagio tremebundo. En realidad, no el contenido, sino el continente: ese vaso común en el que todos van probando, de forma tan irresponsable en medio de una pandemia mundial. Claro que es lo mismo que pasa en los célebres botellones estudiantiles. ¿Será capaz la gripe A de acabar con lo que no ha conseguido parar ni una ley de la Comunidad?

Lo de no acudir a lugares con grandes aglomeraciones es un intento más de que no se propaguen los virus. Pero dígaselo usted eso a los hinchas de fútbol, por ejemplo -¿partidos a puerta cerrada en el Bernabéu, con lo que ha costado traer a CR9? ¡Quiá!-. O a los usuarios del Metro, que también practican, aunque por obligación y no por gusto, el apelotonamiento en hora punta.

Pero el último capítulo es el de los colegios: varias voces se han levantado en las últimas horas planteando la posibilidad-necesidad-conveniencia-obligación de cerrar los centros escolares para evitar contagios masivos. Alguna comunidad, como la Navarra, ya ha anunciado que lo hará. Y aquí me llueven las preguntas: ¿cuándo cerrarlos? ¿antes de que empiece el curso? ¿o cuando llegue un pico de contagios? ¿y todos a la vez, o de centro en centro, según vayan apareciendo casos? ¿y durante cuánto tiempo: semanas, meses, todo el curso? ¿Y mientras, a los niños los recluimos en casa mientras los papás viajamos en metro, vamos a cines o entramos en bares o hipermercados repletos de gente? Demasiadas interrogantes para un tema muy serio, donde la información es esencial y también lo es mantener la calma: los nevios no llevan a ningún lado, y además, el estrés hace bajar las defensas. Así que cuidadín.
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