Aunque estos tiempos de peligrosas leyes de comunicación, absurdos proyectos de reforma tributaria y escandalosas entregas a dedo de campos petroleros nos dan material para llenar páginas enteras con recomendaciones y llamados de atención, de vez en cuando también es bueno hablar sobre cosas positivas que merecen ser resaltadas y que nos ayudan a mantener las esperanzas en este país.
Y una acción positiva que realmente merece ser destacada fue la que llevó a cabo la Fundación Música Joven hace un par de semanas, cuando se celebró el VII Festival Internacional de Música Independiente Quitofest 2009.
Como en las cuatro ediciones anteriores, este año el Quitofest, que se ha consolidado como uno de los principales festivales de música independiente a nivel latinoamericano, se realizó en el Parque Itchimbía. El evento duró dos días. En el primero se presentaron, principalmente, bandas de metal.
Los amantes del rock duro pudieron darse gusto escuchando a grupos procedentes de Colombia, Estados Unidos, Brasil y, por supuesto, Ecuador.
El cartel del segundo día fue más diverso. Se presentaron grupos, nacionales e internacionales, de hip-hop, ska, reggae y pop-rock entre otros géneros. Yo asistí a las presentaciones de los dos grupos que cerraban el festival: Can Can y Babasónicos. La actuación de Can Can, y no lo digo por tratarse de un grupo nacional, fue impecable. Es una banda que demuestra que en el Ecuador hay talento, aunque muchas veces sea menospreciado. De Babasónicos no hay mucho que decir: se trata de uno de los mejores grupos de rock del continente y su actuación estuvo a la altura de esa fama.
Más allá de la calidad del cartel, el Quitofest también destacó por aspectos técnicos (sonido e iluminación, siempre considerando que se trató de un evento gratuito) y por el buen ambiente que se vivió al interior del parque. Y aunque organizar un festival así habrá representado un esfuerzo enorme para la Fundación Música Joven, somos muchos los que esperamos que lo sigan llevando a cabo.
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