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Kaka en la banca, la política... ¡Y el fútbol!

Kaka en la banca, la política... ¡Y el fútbol!

miércoles 04 de noviembre de 2009, 16:53h
Actualizado: 06 de noviembre de 2009, 07:54h
Una modificación en la Ley sobre las cargas fiscales aplicadas a los deportistas –especialmente los jugadores de fútbol- ha desatado las alarmas en el césped del deporte rey de nuestro país: los futbolistas de élite tendrán que pagar unos impuestos que pasarán, en 2010, del 24% al 42% de sus ingresos. El mundo del balón está que explota y no han tardado ni 24 horas en amenazar con una huelga surrealista, ("huelga de millonarios", la ha calificado algún analista), una huelga al alimón de los empresarios y trabajadores que más dinero mueven en España. El Grupo Socialista en el Congreso ha aceptado, al fin, las enmiendas a la conocida por "la ley Beckham", presentadas por IU, ICV y ERC. El Gobierno socialista da, de nuevo, una señal de su apellido.  Para muchos, esta nueva ley representa el final de un disparate. Mejor tarde que nunca.

    La Liga de Fútbol Profesional -un club de gentes ociosas que viven a cuenta del sudor de otros- han puesto el grito en el cielo. Los clubs de fútbol –dirigidos por magnates procedentes del mundo de la Construcción, la Banca, las Compañías Telefónicas o las de Seguros- se han subido por las paredes de la "revolución burguesa" porque estiman que la Ley les va a costar... más de 100 millones de euros. "Caso de aceptarla ser adoptada (¿¿¿) habrá que enfrentarse a ella, aunque sea parando la Liga", han resoplado los dirigentes de esta patronal. ¿Razón? "Sería un perjuicio irreparable para el fútbol español… Nuestra Liga dejaría de ser la mejor del mundo, en detrimento de otras", ha manifestado el presidente de la LFP, señor Astiazarán.

    Desde hace cinco años, España ha venido siendo un paraíso fiscal para los futbolistas extranjeros. David Beckham fue el primero que se aprovechó del régimen de "impatriados" cuando fichó hace unos años por el Real Madrid, de ahí que la anterior legislación al respecto se conociera como “Ley Beckham”, algo así como un paraíso fiscal pensado inicialmente para atraer a España cerebros internacionales, científicos e investigadores, pero que en la práctica ha servido casi en exclusiva a los clubs deportivos para atraer a las estrellas de fútbol extranjeras, ya que jugar en la Liga española les sería más rentable que hacerlo en las de otros países. Desde la entrada en vigor de este incentivo han sido muchísimos los deportistas de élite, especialmente futbolistas, que se han beneficiado de él, mientras que la lista de fichajes procedentes del mundo "científico" y "cultural" que se han sentido atraídos por la ayuda fiscal ha sido mínima.

    A partir del 1 de enero próximo, se acabó este disparate discriminatorio y humillante para todos los demás "impatriados" de España. La Ley no parece tan descabellada: los trabajadores extranjeros con rentas superiores a 600.000 euros dejarían de tributar al 24% y se incorporarían al tipo general de los que pagan todo este tipo de rentas, que es el más alto posible, el 43%. Consuélense los negociantes del fútbol: la reforma en ningún caso se aplicará de forma retroactiva. El diputado de ICV Joan Herrera tiene mucha razón: los cracks del mundo del fútbol son residentes «como cualquier otro deportista, trabajador, autónomo al que se le aplica la tarifa general del IRPF», así que "no hay justificación para que personas con unos ingresos altísimos tengan este beneficio fiscal por encima del resto".

    El portavoz del Grupo Socialista, José Antonio Alonso, ha defendido esta modificación legal basándose en términos de "justicia y equidad fiscal", necesarias "ante la gravedad de la crisis económica". Las diferencias existentes en la fiscalidad deportiva en España, en comparación con el resto de Europa, son sangrantes: cualquier equipo español paga hasta un 29% menos que un club inglés, un 32,5% menos que en Italia y un 26% menos que en Alemania. A Cristiano Ronaldo (por el que Florentino Pérez ha pagado más de 90 millones de euros) se le hubiera aplicado en el Manchester United un gravamen del 50%, mientras que en España solo tributa el 24%. En cambio, los futbolistas españoles Iniesta, Puyol y Xavi pagan un 43% a Hacienda. Curiosamente, y según ha señalado el portavoz del grupo gobernante, sólo se ha revisado una ley de 2002,  manteniendo la tributación del 24% para los profesionales que ganen menos de 600.000 euros, "donde están los científicos y profesores universitarios". "¿Cómo van a hacer (los empresarios del fútbol) una huelga para que los que tienen que pagar impuestos no los paguen? Eso no es de recibo".

    No sólo es buena y oportuna esta Ley porque llega a un país con más de cuatro millones de desempleados y que pasa por una crisis como jamás se había conocido en los últimos 30 años. Es buena, oportuna y necesaria porque el dinero del fútbol ha llegado a convertirse en un escándalo repugnante y en una muestra más de la podredumbre social que nos invade. Una podredumbre que no es exclusiva del mundo del fútbol. Que vemos cada día en los titulares de los periódicos desde hace un tiempo, y no porque antes no existiera, sino porque hay jueces que se han decidido a tirar de la manta, caiga quien caiga y sea donde sea: en el fútbol, en la Banca, en la Política, en los Ayuntamientos…y algún día, quizás, ¡en los Obispados!

Ni el PP, ni Ciu, ni el PSOE, ni apenas ningún partido se libra de la "kaka".  Aunque produce auténtico "vómito" (por utilizar una palabra en moda) lo que afirman algunos dirigentes de CiU refiriéndose al presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, de que "ha engañado primero a media humanidad y luego a la otra media"  y que "no merece confianza".  Los casos –ya suficientemente conocidos con nombres y apellidos- puestos a la luz en la Operación Gürtell (cohechos, prevaricaciones, trampas, mentiras, trajes y prebendas en el PP de la Comunidad Valenciana); en la "Operación Pretoria" de la Generalitat de Catalunya, con prohombres del ex president Pujol –que ha declarado que "prestaron un gran servicio a Catalunya"- (Lluis Prenafeta y Maciá Alavedra, además de Javier de la Rosa), “presuntamente” pringados,  al parecer, hasta las cejas; en el Palau de la Música de Barcelona, con un presidente como Félix Millet, que "presuntamente" derivó millones de euros hacia sus cajas particulares y –o- paraísos fiscales; en El Ejido, con alcaldes que se han aprovechado del éxodo de los inmigrantes para enriquecerse a lo largo de las últimas décadas... revelan la podredumbre extendida por todo el territorio nacional, que huele a podrido como ni Shakespeare pudiera llegar a imaginarse.
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