A lrededor de $20 millones de pérdidas sufre cada día, en promedio, el sector productivo por los apagones de acuerdo con cálculos de la Cámara de Comercio de Quito.
Es difícil cuantificar todas las pérdidas económicas por la falta de electricidad; estas afectan a los pequeños emprendimientos y a las empresas medianas y grandes. Todas las actividades se ven disminuidas por los apagones.
La crisis energética llega al país cuando, de acuerdo a las cifras oficiales difundidas, el crecimiento de la economía ecuatoriana ha sido negativo en tres trimestres consecutivos. La recesión ha repercutido en el aumento del desempleo que, en el trimestre de abril
a septiembre, pasó del 8,3% del trimestre precedente al 9,1%, de acuerdo con las cifras oficiales del Inec. Esto significa que los desempleados sumaban a septiembre 402 965.
No ha cambiado el horizonte económico, si no es para deteriorarse con los racionamientos de energía eléctrica. El crecimiento del PIB en 2009 estará por debajo del 1%. Por consiguiente, se avizora el incremento del número de desempleados.
Lamentablemente, el Gobierno no adoptó las medidas de prevención eficaces para evitar los racionamientos, a pesar de que se conocía la severidad del estiaje. Varias
unidades de generación se hallan sin funcionar. El presidente de la República ha llamado a la unidad para enfrentar la crisis por los apagones, pero resulta inconsistente ese llamado si, en las cadenas sabatinas, continúa con la misma agresividad y los continuos ataques a diversos sectores sociales.
Mantener los actuales puestos de trabajo y revertir la tendencia al aumento del desempleo es un objetivo que debería unir al sector público y privado. El país no podrá salir de la recesión sin una actitud diferente desde el poder: antes que hostilizar al sector privado, está obligado a buscar cooperación y consensos para remontar la crisis.