Mientras los parroquianos madrileños hacen cola desde las siete de la mañana ante la sede de la expenduría de Lotería de Doña Manolita, en la Gran Vía madrileña, en el Congreso y en el Senado se habla del Alakrana, de inmigración, de Sitel, de la crisis y hasta de los Bancos de Alimentos, en momentos en el que el debate presupuestario, pasada la tramitación del Congreso, llega al Senado, donde presumiblemente serán rechazadas las cuentas generales, habida cuenta de la mayoría que tiene el PP en esta Cámara y de lo irritada que está CIU contra un partido socialista que cada día ha de buscar apoyos en todo lo que hace, ante su debilidad numérica.
Hablar pues, en este contexto, de política y deportes, de navidad y de mensajes del rey, de pan y circo, y plantear recordar un hecho ocurrido hace treinta años, entiendo que desentone, pero si como decía
Renan “La democracia es el plebiscito permanente de las almas" de vez en cuando hay que poner las cosas en perspectiva, mucho más, cuando se distorsiona esa propia realidad.
No tuvo acierto el Gobierno vasco a la hora de recordar el treinta aniversario del Estatuto de Gernika. Previamente hay que recordar dos hechos incontrovertibles. El primero es que el PSE celebró durante cuarenta años, repito lo de cuarenta años, el aniversario de la constitución del primer Gobierno Vasco en Gernika el 7 de octubre de 1936, gobierno del que formaba parte. Su flaca memoria fue una enmienda a la totalidad a cuanto hicieron durante cuarenta años sus mayores. Y, en segundo lugar hay que recordar que el PP votó en contra del Título VIII de la Constitución española y votó en contra del Estatuto de Autonomía de Gernika. Que hayan cambiado y ahora lo celebren montándose en un globo, está muy bien, pero los hechos son estos. “Los conversos a la cola“ como le dijo
D. Manuel de Irujo a
Dionisio Ridruejo.
En la actualidad hay un hecho claro. El PP está condicionando de tal manera al actual Gobierno vasco que aparentemente los miembros del partido socialista no se sienten solidarios con su inmediato pasado. El adanism
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o en política es esto. Desaparece el obrerismo, desparece el republicanismo, desaparecen los iconos de una historia de 126 años, desparece la Memoria Histórica y, las fronteras con la derecha vasca y española, se hacen tan tenues que es muy fácil pactar con ellas sin que se produzca desgarro alguno. Ya la política no es la gestión de las ideas sino un mero ocupar y usufructuar el poder. Se acabó la épica y la poesía. La prosa y el interés, es lo que manda.
En este contexto de desafección histórica parece una ingenuidad recordarle al Partido Socialista que formó parte, con tres Consejeros, de aquel primer gobierno de
Aguirre. No tienen ni idea de quienes fueron, qué hicieron, ni de si murieron. Pero existieron y fueron sustituidos por otros. Porque el Gobierno Vasco, mal que le pesó a
Indalecio Prieto que quiso acabar con todas las instituciones republicanas tras el final de la guerra mundial, se mantuvo firme hasta que en Euzkadi no se hubiera refrendado otro estatuto que lo sustituyera. Una típica quijotada democrática vasca que habla bien de un concepto de defensa de las Instituciones por encima de cualquier otra contingencia. Y, en todo caso, a la hora de celebrar algo, se celebra el primer Estatuto, no el segundo. ¿En qué país ocurre esta patochada?.
Estoy seguro que si cualquiera va a una Casa del Pueblo o acude a una reunión de jóvenes socialistas y pregunta quien fue
Juanito Iglesias piensan que se trata de un cantante por bulerías en lugar del último Consejero socialista del Gobierno Vasco presidido por
Leizaola y primer Consejero de Trabajo del primer Consejo General Vasco presidido por
Ramón Rubial.
Los actuales dirigentes socialistas han convertido parte de su historia en la de aquel “Violinista en el Tejado”, una película musical estadounidense del año 1971. En aquella versión cinematográfica, el sonido del violín que toca el violinista en aquel lugar tan extraño, se usa como metáfora de la vida inestable de las comunidades judías en la Rusia zarista.
Algo así es para estos nuevos socialistas, que parecen de invernadero, el hecho de haber mantenido bajo la Francia ocupada por la invasión alemana, con un Lehendakari desaparecido en los pliegues de la segunda guerra mundial, del silencio y la oscuridad de un dignísimo esfuerzo, una Institución que había surgido de la voluntad popular y estaba empeñada en rendir cuentas ante esa misma voluntad popular. Algo tan extraño al parecer como que un violinista se suba al tejado a interpretar su melodía.
EI quince de diciembre de 1979, volvió el Lehendakari D. Jesús María de Leizaola del exilio. En el camino había quedado al lehendakari Aguirre y la mayoría de los consejeros socialistas, nacionalistas y republicanos que habían mantenido la antorcha con mil privaciones y apreturas de todo tipo bajo el desgarro y el inmenso desengaño ante la conducta de unos aliados que los traicionaron y les dejaron en la más ardiente oscuridad.
Leizaola,
Nardiz, Iglesias, Ausin, Isasi... fueron los que volvieron aquel 15 de diciembre de 1979, para, al día siguiente, entregar su simbólico mandato en la Casa de Juntas de Gernika, ante diputados, senadores, alcaldes y un Consejo General Vasco de concentración presidido por
Carlos Garaikoetxea. Fue una bella e inusual jornada. No se dan habitualmente casos de estos que unen a la inmensa dignidad de una conducta, la pedagogía democrática de proclamar que por encima de las reyertas personales de corto alcance están las instituciones. Pero una vez más, el actual Gobierno vasco va a perder la oportunidad de enviar un mensaje de suma en lugar de un mensaje de resta, enmendando a la totalidad, una vez más, su propia historia. Si el 25 de octubre prefirió celebrar con la derecha vasca la aprobación de un Estatuto de Autonomía, que si por el PP hubiera sido, no existiría, se comprende que todas estas consideraciones son actualmente para ellos la música celestial de violinistas en el tejado.
Hace treinta años en Gernika aquel hombre símbolo, empezó su discurso diciendo:
“En Guernica, en este mismo lugar, a las 17 horas del día 7 de Octubre de 1936 se constituyó, bajo la Presidencia de don
José Antonio de Aguirre y Lecube, el Gobierno provisional del País Vasco por elección ajustada a las disposiciones transitorias del Estatuto de Autonomía aprobado por Ley de las Cortes de la República española de 1 de Octubre del mismo año, tomando posesión el mismo día de los distintos Departamentos sus componentes.
“Al cabo de 43 años de azarosa vida, durante la cual ha seguido activa aquella institución, vengo, como Lendakari sucesor de aquél, a presentar y entregar a vosotros, el Consejo General del País Vasco, los archivos y activos todos en nuestra posesión en el día de la fecha.
“Vosotros tenéis en vuestras manos la condición de Gobierno Provisional de Euzkadi en virtud de los cauces abiertos por el proceso constitucional del Estado español. En tal proceso constituyente habéis recibido del pueblo de Euzkadi en los dos últimos años, en virtud igualmente de la determinación reiterada del sufragio universal, los poderes de esta misma Euzkadi tal como ella es en la actualidad y se ha reconstituido a los fines de mantener la personalidad del pueblo vasco siguiendo la línea de los siglos que la Historia registra desde hace más de dos milenios.
“Esta transmisión tiene una razón precisa: es la de que el acto en que nos hallamos significa que presentamos con los documentos de los archivos el descargo colectivo de nuestra gestión y nos ponemos a disposición entera de vosotros y de las autoridades que vayan constituyéndose para responder de cuanto hubimos de hacer en interés y defensa de Euzkadi”.
Efectivamente. Música celestial de violinistas en el tejado. Algo que al parecer nunca ocurrió y por tanto no ha de ser recordado. Una pena de país.