Afrontamos la segunda parte de una de las Legislaturas más complejas y agitadas que hayamos vivido desde la recuperación de la democracia en 1977. A algunos les puede parecer excesiva esta opinión, pero el calado, la extensión y la diversidad de problemas planteados para la sociedad española permiten realizar la citada aproximación. La orientación y el desenlace en la forma de salir de la crisis económica en el contexto de la Unión Europea y la urgencia para despejar algunas incógnitas sobre el desarrollo del Estado autonómico, influirá en el futuro estratégico de la sociedad española. Por lo demás, se abre una interrogante sobre la hipótesis de un cambio en la mayorías políticas a partir de 2012. El cúmulo de noticias demoscópicas que estamos conociendo en las últimas semanas no nos permiten conocer con certeza cual será el futuro electoral del Gobierno de
Zapatero dentro de dos años: el ejecutivo capea el temporal como puede al tiempo
que Rajoy muestra su debilidad e impotencia política. Lo cierto es que ni el Gobierno ni la oposición gozan en este momento de la confianza necesaria entre los ciudadanos para afrontar tiempos repletos de turbulencias. El calendario electoral está rodeado de desafíos. Las elecciones de otoño al Parlament de Catalunya y la cita de las elecciones locales y autonómicas previstas para el mes de marzo de 2011nos señalarán el rumbo a seguir.
Existen al menos tres variables que determinarán el curso de los acontecimientos hasta la cita electoral de las elecciones generales. La gran cuestión reside en el impacto social, político y psicológico, que la crisis económica está teniendo en la opinión pública. Todos los análisis económicos coinciden en un pronóstico sombrío: la economía española tardará un tiempo en recuperar los niveles similares de empleo y crecimiento que conocimos hasta el inicio de la crisis financiera y económica. Si acaso, las diferencias se refieren a amplitud de los citados plazos. Desde los observatorios más pesimistas se trabaja la hipótesis de un período de diez años, mientras que desde ámbitos del Gobierno se reduce la travesía a cinco. En todo caso, y sufriendo tasas de desempleo próximas al 20 % del paro registrado, el ejecutivo de
Zapatero se enfrenta al efecto devastador que la sensación de inseguridad está teniendo en una parte del electorado que le mantuvo en La Moncloa durante un segundo mandato. Las cuestiones planteadas no son de tono menor: ¿existen alternativas reales a la orientación general seguida por el gobierno para hacer frente a la crisis? ¿Dónde reside la clave del desgaste acelerado que está sufriendo el gobierno socialista y su presidente? ¿Tiene margen da maniobra Zapatero para reaccionar y cambiar la orientación del electorado tras la presidencia rotatoria de la Unión Europea?
A grandes rasgos no ha habido grandes diferencias entre las opciones conservadoras y livianamente socialdemócratas para hacer frente a la situación económica. Básicamente, si nos atenemos al intento de las Conferencias del G-20 en Washington y Londres, se optó, en primera instancia, por apoyar y
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evitar el derrumbe del sistema financiero mundial de imprevisibles consecuencias, y adoptar, a continuación, medidas de reactivación económica anticiclicas y esperar el desarrollo de los acontecimientos. Simultáneamente, se adoptaron medidas de protección social para evitar, en lo posible, que el impacto de la hecatombe produjera fenómenos de exclusión social que implicaran desestabilizaciones sociales y políticas en los países más desarrollados. Sin embargo los impulsos reformistas que se adivinaron en los primeros meses tras el pánico general se han abandonado y olvidado. Todavía recordamos declaraciones del presidente francés relativas a la necesidad de refundar el capitalismo ultraliberal y en la urgencia por fortalecer la intervención del Estado en la economía para afrontar la situación. Todo aquello ha desaparecido. ¿Qué ha ocurrido con nuestro sistema bancario? ¿Por qué no se optó por sentar las bases de una Banca Pública que pudiera estar presente en el mercado, al menos en parte, cuando la banca privada cerraba a cal y canto el crédito y estrangulaba la economía real?
Y es verdad que el gobierno de
Zapatero, no siempre con medidas progresivas y socialmente eficaces, ha intentado cumplir con su compromiso de no dejar fuera del sistema de protección a los que sufren en peores condiciones el impacto de la crisis. Pero la percepción extendida en una parte del electorado es que faltó decisión y claridad de ideas para aceptar desde el primer momento la profundidad de la hecatombe, y, consecuentemente, adoptar decisiones excepcionales de política económica y social ante una situación excepcional. Ahora, el presidente del Gobierno reconoce que quizá perdimos un tiempo precioso discutiendo sobre si nos encontrábamos ante una desaceleración económica o ante una quiebra sistémica que se veía agravada en España por el final de un modelo de crecimiento obsoleto y frágil.
La segunda incógnita se refiere al sistema autonómico y a la cita electoral en Catalunya. Desconocemos lo que va a ocurrir con la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut. Lo que sabemos es que de la citada sentencia depende en buena medida la orientación y la suerte de la política autonómica para los próximos años. Y también conocemos que los resultados que obtengan los socialistas catalanes en otoño, influirán, en buena medida, en las perspectivas electorales del PSOE para la cita de las municipales, autonómicas y generales.
La tercera cuestión tiene que ver con la experiencia del País Vasco y la suerte que corra la experiencia de
Patxi López y la mayoría pactada con el Partido Popular. Los magníficos resultados del Partido Socialista de Euskadi (PSE-PSOE) en las últimas elecciones generales resultaron decisivos para la victoria electoral de Zapatero. La batalla contra la violencia etarra y su acorralamiento policial es unos de los grandes activos que presenta la gestión del gobierno. Sin embargo, los datos conocidos por el último Euskobarómetro en relación con la percepción de los ciudadanos vascos sobre la gestión del lehendakari socialista resultan inquietantes, y ponen de relieve que no es suficiente la aplicación de una coherente política antiterrorista para consolidar la centralidad y la autonomía del espacio socialista en Euskadi. Patxi López debe reflexionar sobre las señas de identidad de su gestión si quiere tener vocación de futuro y evitar la sensación de que su política depende en exceso de la estrategia del Partido Popular. La experiencia merece la máxima atención.
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*Enrique Curiel es Profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid.