Al periodista Jon Lee Anderson, nacido en Estados Unidos en 1957, se lo ha llamado “el heredero de Kapuscinski”, en referencia al legado que dejó el gran maestro polaco fallecido hace tres años.
Y es cierto. Porque Anderson sigue el camino trazado por Kapuscinski para hacer periodismo: ir, ver, comprender, sentir, contar…
Pero también es un poco John Reed, un poco Ernest Hemingway, un poco Graham Greene, extraordinarios cronistas de la historia contemporánea.
Para escribir su memorable biografía del Che Guevara, por ejemplo, Anderson pidió permiso al Gobierno de Cuba para acceder a los archivos secretos, recorrer los lugares donde estuvo el Che y hablar con quienes lo conocieron.
En La Habana, donde Jon vivió tres años para tomar notas y recopilar documentos, mantuvo intensas conversaciones con Aleida March, viuda del Che, quien durante tres décadas había mantenido un silencio casi religioso y reverencial acerca de su ex marido.
La prolijidad con la que trabajó hizo de esa una obra monumental ‘Che Guevara, una vida revolucionaria’, está catalogada como la mejor biografía que se haya escrito sobre el mítico guerrillero.
Uno de los grandes méritos de Anderson, como reportero, es que su ideología de izquierda no se refleja en sus crónicas porque, sencillamente, lo que él hace es contar lo que ve y lo que puede probar. No opina ni pontifica. Las conclusiones -suele decir- las tiene el lector, no yo.
Como expresa el escritor mexicano Juan Villoro, “Anderson es fiel a las partes que se disputan la veracidad de una historia. En todos los casos ofrece pros y contras. El perfil de Pinochet, personaje que contraviene sus convicciones democráticas, está construido con declaraciones de sus allegados y personas más cercanas.
“Anderson -continúa Villoro- se esfuerza por dar voz a quienes pretenden humanizar a Pinochet (y, sin embargo), el resultado es más dramático que el de una crítica militante de izquierda. Aún bajo la mejor luz , Pinochet es un sátrapa”. El “gringo feo”, como él mismo se llama, reside con su esposa y tres hijos en Inglaterra, pero decir “reside en Inglaterra” lleva un poco de mentira: en realidad recorre el mundo en busca de cosas por contar, acompaña a los protagonistas de las historias, cuenta la vida desde la misma vida.
¿Cómo es Jon Lee Anderson? El catedrático colombiano Jaime de la Hoz lo describe así en www.saladeprensa.org:
“Anderson se expresa en impecable español. No hace mucho esfuerzo para los verbos. Arrastra la erre más de lo debido y de vez en cuando suelta un ‘coño’ cubano para enfatizar sus gestos. En ocasiones, por su sentido del humor, desparpajo e irreverencia, podría parecer un latino, pero lo delatan sus casi dos metros de estatura, su mandíbula de Marlon Brando y la mirada de Anthony Perkins en ‘Psicosis’. Es el típico gringo que cualquier latinoamericano confundiría con un guitarrista de una banda roquera resucitada de Woodstock”.
Anderson se considera a sí mismo “un simple reportero” y trabaja como tal en la revista estadounidense The New Yorker. Durante tres años viajó una y otra vez a Iraq para contar la invasión norteamericana.
La primera vez que viajó, su esposa Erika le dijo que “al menos tratara de volver en un pedacito”. Regresó con un libro magnífico: ‘La caída de Bagdad’.
¿Qué sintió el reportero Jon Lee Anderson frente a esa guerra cruel y desigual? Él no opina, solo describe, solo narra: “En un palacio en ruinas, un soldado estadounidense, incapaz de distinguir lo público de lo privado, defeca con tranquilidad sobre una lata de leche, mientras lee la revista Playboy”.
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ALGUNOS TEXTOS
SOBRE LA CUBA DE FIDEL.
“Este país es una mezcla surrealista de coerciones oficiales e individualismos recalcitrantes. Muy similar al mar que abraza la isla, su atmósfera es lírica y melancólica, liberadora y opresora”.
SOBRE EL CHILE DE PINOCHET: “Hace años se descubrieron los cadáveres de un centenar de ejecutados por los militares, metidos de cualquier manera en una fosa común. Pinochet comentó con humor macabro: Quien los haya enterrado hizo un servicio a la Patria ahorrando clavos”.
SOBRE GARCÍA MÁRQUEZ: “Gabo había escrito que los aviones que bombardearon La Moneda durante el golpe contra Allende estaban pilotados por yanquis que habían entrado a Chile disfrazados de trabajadores de un circo aéreo. El novelista que lleva dentro modifica la realidad para que coincida con su imaginación”.
SOBRE EL CHE GUEVARA: ”El Che llegó a Bolivia en 1966 sin ser invitado, convencido de que la dirección comunista boliviana no retrocedería ante la guerra de guerrillas inminente. Esta vez, el error resultaría fatal”.