Los trabajadores aparcados en las grandes bolsas del paro no son otra cosa que el síntoma principal del gran atasco capitalista. Capitalismo que lleva camino de morir de sobrestimación absurda, muy alejada de la historia real y empírica, aunque de eso no dice nada Rajoy, pero lo sabe.
El paro, que se da en todos los países capitalistas, es el cáncer del sistema, un tumor duro e invasivo que no cabe tratar ni extirpar. El capitalismo genera paro como las máquinas de desguace generan chatarra. La chatarra humana es el producto inevitable de un sistema económico que sólo el socialismo democrático puede transformar mediante la solidez de las políticas sociales, la concertación social, una mayor regulación del mercado y un efectivo control de los flujos de capital. Pues no se trata de apuntalarlo con reformas laborales que tienden a recortar los derechos adquiridos por los trabajadores, que es lo que, en realidad, propone el PP. Por eso, la derecha miente. Porque no es verdad que vayan a acabar con el paro ni las desigualdades, que son intrínsecas al sistema, sino que lo van a liberalizar aún más, reduciendo la red de protección social.
Habló Jean-Fraçoise Lyotard de las grandes narrativas, que son las supuestas bondades de las religiones, de la eficiencia del liberalismo económico, del porvenir venturoso de la historia, de las ingenuas promesas revolucionarias y de los logros neutrales de la ciencia. Pero todo ello no ha servido más que para mantener a la ciudadanía quieta y en silencio, creyendo que iba a alguna parte. Agotada la fe en las grandes narrativas, estamos en la posmodernidad, que es un edad que no cree que el capitalismo, la tecnología o la ciencia vayan a acabar con la miseria o el desempleo, porque es consustancial con el progreso capitalista, para el que cada ser humano es una simple viruta que se desprende de la imperecedera maquinaria de la producción. Pero Rajoy necesita más que nadie sustentarse en las grandes narrativas, que son el eterno recurso de la derecha, para que el gentío siga agazapado en espera de la justicia y la igualdad que nunca les proporcionará.
Como decía Cafrune “el trabajo es cosa buena, es lo mejor de la vida, pero la vida es perdida trabajando en campo ajeno, unos trabajan de trueno, y es para otros la llovida”. La literatura no es ciencia, pero puede servir de advertencia para los desmemoriados, porque puede volver la derecha, esa que viene por vía directa de Franco, Fraga Iribarne y Aznar, golpeando primero despacio y con fuerza después, como las olas rompen en los acantilados.
Y con ella volverá el pensamiento único, el clientelismo, las privatizaciones de lo público y los recortes de los derechos civiles y laborales. Y del Rastro de su Historia sacará todo el ominoso atalaje paramilitar de cazadoras y cremalleras con la mano de saludar alzada y al grito de ¡Arriba España!, sorprendiéndonos aquí inmóviles y expectantes, bajo una lluvia fina de promesas vacías, junto al silencio helado de quien calla y otorga. Hará más gentil y rico a quien ya lo es, pero abrirá una brecha punzante en los que poco o nada poseen. Ustedes deciden.