Existe en el imaginario colectivo la tendencia a considerar como sinónimas la demanda de autodeterminación con la de independencia y, evidentemente, no son conceptos parejos. Sería falaz negar que, actualmente, los que reivindican el primero de los supuestos son, mayoritariamente, los que buscan reforzar la legitimidad del segundo. Pero, aun así, las diferencias son evidentes. Claramente, en la tesitura actual, los independentistas ponen la directa y obvian el primer paso, mientras que los que se apoyan en el mismo buscan una mayor legitimidad política del fin que mueve sus objetivos, y que se concreta en el segundo. Pero el debate debe ir más allá y puede -y, tal vez deba, aunque sólo sea por puro ejercicio intelectual- involucrar a otras corrientes de pensamiento político.
Porque la reivindicación de autodeterminación está muy clara: independientemente del posicionamiento final, lo importante es ser consultado. Recurriendo al tópico, y suponiendo que sea alguien nada sospechoso de ser independentista el sujeto a inquirir, la respuesta podría ser: “yo quiero ser lo que quiero ser pero me gusta que me haga esta pregunta”.
Muchas veces, la réplica a las demandas de autodeterminación es que este derecho ya lo ejercitamos cuando votamos. Sería discutible. Vayamos a los dos grandes partidos españoles, PSOE y PP. No está en sus programas el derecho a la autodeterminación, pero tampoco está la negación del mismo, y los electores se decantan por uno u otro en función de mil y una razones que perciben, sin caer en la cuenta sobre aquello que no es implícito. Así que no es descabellado que la pregunta sobre el tema pueda suscitar reacciones sorpresivas (y, quien sabe, también sobre otras que no son motivo de este artículo, dicho sea de paso).
Vayamos más allá y cojamos el ejemplo de C’s o UPy D. Bien, tal vez en este último quede ejemplificado el paradigma de la opción de voto respecto al tema que abordamos, pues el aspecto que más conocemos de su programa es siempre algo así como ‘más España’: acercaría bastante este concepto de voto como afirmación autodeterminativa. Aun así, ‘rara avis’ las hay en todas partes. Menos concreto sería el caso de los de Albert Rivera, cuyo objetivo, en principio, es la desvinculación de todo nacionalismo, con todo el juego que la opción ofrece. Sea como fuere, debe quedar claro que el deseo de autodeterminación no tiene porque corresponderse necesariamente con el de independencia.