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Pero ¿qué fue de aquella ‘cumbre’...?

Pero ¿qué fue de aquella ‘cumbre’...?

Lo más suave que algunos medios han dicho de la ‘cumbre’ entre la Unión Europea e Iberoamérica, concluida hace no muchas horas, es que ha quedado ‘descafeinada’. No ha faltado, claro, quien, con esa escasa visión de Estado que nos caracteriza, haya puesto el acento en el ‘derroche’ que ha supuesto gastar un millón de euros diarios en celebrar esa reunión –que, en realidad, han sido tres reuniones—en Madrid. Escasa repercusión en los medios españoles, poca en los latinoamericanos y prácticamente nula en los europeos: es el balance apresurado de una semana en la que los encuentros con jefes de Estado y/o de Gobierno europeos e iberoamericanos iba a constituir el punto culminante del semestre presidencial español de la UE.

No han sido las ausencias las que han restado brillo a esta(s) ‘cumbre’(s): que venga o no Hugo Chávez es, en el fondo, irrelevante, como lo es el hecho de que no asista Raúl Castro, a quien lo cierto es que no se le esperaba. Ausente, Chávez tuvo más protagonismo que si hubiese estado presente, y sus ‘amigos bolivarianos’, en especial Evo Morales, estuvieron más atentos a provocar titulares escandalizados y a asistir a los más diversos saraos que a lograr conclusiones positivas de la ‘cumbre’ oficial.

 Porque lo cierto es que lo único que alcanzó cierto relieve en el programa oficial fue que el Príncipe Felipe presidiese la primera cena ‘plenaria’ de gala, en lugar del Rey, convaleciente de su operación quirúrgica. Sin embargo, la notoriedad de algunos de los mandatarios latinoamericanos fue, en algún caso, espectacular, aunque colateral: Evo Morales, por sus ataques al Partido Popular español, de centroderecha y en la oposición; Cristina Kirchner, por su apoyo al controvertido juez Baltasar Garzón; Lula, por los muchos homenajes y premios recibidos, lo mismo que Felipe Calderón –el propio Grupo Diariocrítico le entregó uno--...Incluso Zapatero deslució algo el programa oficial, al dedicarse, en dos ruedas de prensa con sus colegas americanos, a hablar de temas domésticos polémicos que allí ‘no tocaban’, como la subida de impuestos.

Así, el acontecimiento culminante de la presidencia española de la UE, que reunió a medio centenar de mandatarios europeos y americanos, quedó descafeinado; los medios españoles, para colmo, estábamos distraídos por una actualidad galopante que no pasaba precisamente por reuniones iberoamericanas, y lo mismo ocurría con los medios europeos, absortos en la crisis continental. Además, detalle menor, pero significativo, los organizadores de la ‘cumbre’ se cuidaron mucho de alejar a los periodistas de las personalidades participantes, lo cual siempre ‘enfría’ las informaciones.

Todo lo cual es una lástima, porque ha llegado el momento de reforzar los lazos entre Europa y Latinoamérica con España de interlocutor privilegiado para todas las partes. Me consta que la diplomacia española es muy consciente de que puede y debe desempeñar ese papel. Lo ocurrido con las ‘cumbres’ de esta semana ha sido, en ese sentido, una oportunidad en parte –solo en parte— perdida, un fracaso. Admirable fracaso, si se quiere, pero fracaso; hay que seguir intentándolo.


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