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Urge la reforme laboral

Urge la reforme laboral

jueves 03 de junio de 2010, 21:27h

   Sigo atenta las evoluciones de la reforma laboral. Entiendo que es importantísima para cumplir con las reformas estructurales que nos piden Europa y el mundo entero. Pero no dejo de estar perpleja. Me creo lo que dicen algunos expertos: si facilitamos la salida de los trabajadores conseguiremos que la entrada y, por ello, la disminución del paro, sea un hecho. Perplejidad que aumenta cuando miro alrededor y veo que las empresas han hecho ERES (expedientes de regulación de empleo) a troche y moche, abusan de los denominados contratos por obra y que han disminuido sus efectivos por todas las vías posibles. Conozco empresas que despiden a sus trabajadores y les vuelven a contratar al día siguiente por la mitad de lo que ganaban antes, a empresarios que contratan a trabajadores de lunes a viernes para evitarse pagar los fines de semana. ¿Es justo? Para mí, evidentemente no.

   Sin embargo, cuando veo que de lo que se trata es de combatir el paro juvenil no dejo de estar de acuerdo. Más o menos un cuarenta por ciento de nuestros jóvenes no logra acceder a un puesto de trabajo. Han hecho una carrera, tienen masters a tutiplén, hablan idiomas que sus padres han financiado con sacrificio, dominan las nuevas tecnologías, se avienen a vivir con lo justo, no aspiran a más de ser mileuristas y quizás ochocentistas. Y tampoco son contratados porque los empresarios quieren más y los sindicatos no firman el acuerdo porque saben que los derechos que perdamos en este tira y afloja no volveremos a conquistarlos,.. ¿Qué hacer?

   ¿Conoce usted a un empresario que no haya podido despedir a un trabajador por las altas indemnizaciones? Yo, desde luego, no. Y, sin embargo, ese parece el quid de la cuestión, la piedra filosofal que nos exige Europa. Hemos podido cometer equivocaciones como país, hemos podido vivir por encima de nuestras posibilidades, subvencionando a tope, creando organismos sin parangón, gastando lo que no teníamos y es hora de parar. Pero ese gasto público desmadrado se ha terminado, y se ha terminado porque no podemos llevar un ave a la puerta de cada ciudadano, con unas bonificaciones y subvenciones para todo, con un quijotismo que nos hace estar en todos los frentes de batalla que hay en el mundo. No es difícil saber dónde tenemos que ahorrar. Los ciudadanos, titulares de sus economías domésticas, saben muy bien dónde es posible ahorrar, cualquier amo o ama de casa sabe por dónde se va el dinero y cuáles son los recursos para hacer frente a una situación de crisis. Apliquemos el sentido común, comportémonos como ciudadanos de un Estado cuyos recursos son limitados y no echemos siempre la culpa a los trabajadores y al coste de su salida.

   ¿Tiene sentido que los agentes sociales y económicos se vengan reuniendo desde hace un montón de meses y no lleguen a un acuerdo? ¿Habría que encerrarlos hasta que consigan ese ansiado consenso? Parece mentira que quienes se han beneficiado de un despunte extraordinario de la economía en los últimos años sean incapaces de afrontar los próximos años con algo de generosidad y de sacrificio, para que no sean sólo los trabajadores los que paguen la factura de tanto despilfarro.

    Las cosas pintan mal, es cierto, por más que estos son los meses mejores -los datos de empleo de ayer han sido buenos, lo mismo que el aumento de afiliaciones a la seguridad social- pero todos sabemos que el otoño puede ser muy caliente. Tenemos un Gobierno que ha ido dando bandazos pero ha llegado el momento de que todos y cada uno aportemos el granito de sensatez que se nos pide, de lo contrario el precio que vamos a pagar por tanta tozudez puede ser excesivamente alto para todos, incluso para esos políticos que no piensan en otra cosa que en sacar de la crisis sus buenos réditos electorales.

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