Parece mentira que a estas alturas del siglo 21 uno tenga que sentarse a escribir sobre algo así, sobre todo teniendo en cuenta que lo hacemos desde un país que se vanagloria de ser un férreo defensor de la democracia y que se pasea por el mundo pidiendo al resto que respeten los derechos humanos.
Si nada lo remedia y a estas alturas parece que nadie lo hará, Ronnie Lee Gardner se disponía en la medianoche del viernes a ser ejecutado por un pelotón de fusilamiento en el estado de Utah. Sí, como lo acaban de leer, por un pelotón de fusilamiento.
A pesar de la oposición de sus familiares y amigos, fue el propio condenado a muerte quien pidió al juez que el Estado acabara con su vida en el paredón. La última vez que ocurría algo así fue hace 14 años y desde que se instauró la pena de muerte en 1976 solo se había registrado otra ejecución así.
Utah, en la zona oeste de Estados Unidos, es el único estado de la unión que mantuvo el pelotón de fusilamiento como forma de ejecución aunque finalmente fue eliminada de la legislación en el 2004, pero Ronnie Lee Gardner fue condenado por un crimen a mediados de los ochenta.
Su abogado ha explicado a la prensa de Salt Lake City que Gardner eligió este método de ejecución porque lo considera “más humano”, a diferencia del anterior ejecutado en el paredón, quien pidió ser fusilado para poner en evidencia el sistema y avergonzar a las autoridades.
A estas alturas coincidirán conmigo en que probablemente no tengan mucha vergüenza en Utah porque Andrew Parnes fue fusilado hace 14 años sin contemplaciones y Ronnie Lee Gardner se disponía esta medianoche a morir de la misma forma.
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