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Historias de cuatro niños héroes

Historias de cuatro niños héroes

jueves 24 de junio de 2010, 21:57h
Última actualización: lunes 07 de febrero de 2011, 13:44h

Hoy comenzamos una serie de reportajes sobre la historia de cuatro niños africanos. Cuatro seres humanos que no tuvieron la suerte de nacer “más al norte o menos al sur”, de donde la diosa fortuna les obligó a hacerlo. Cuatro almas que tuvieron que empezar a luchar por sobrevivir, a la edad en la que la mayoría de los menores del primer mundo están empezando a guardar sus juguetes para comenzar la pubertad e iniciar el camino hacia la vida adulta.

El camino que ellos están haciendo es aún mayor que el de “Las rocas errantes” del  Ulises de James Joice. Un camino espeluznante, por encima de la cordillera de los Himalayas de la razón y las profundidades abisales del corazón humano.

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"Williams" durante la grabación de la entrevista en Marruecos

El niño de la fotografía, al que llamaremos “Williams” para preservar su verdadera identidad y garantizar su seguridad, es nuestro primer protagonista. Tiene 15 años. Huyó de su Nigeria  natal después de que un grupo de fundamentalistas islámicos, ante la negativa de su familia a convertirse al Islam, quemara su casa, violase a sus dos hermanas y matase a sus padres.

Todo ocurrió ante sus ojos: “Deseaba que fuese mayor para poder luchar contra esa gente por lo que estaban haciendo en aquel momento”. Su corazón no encierra odio, tan sólo una profunda incomprensión sobre lo que ocurrió, se puede observar en el tono en el que lo cuenta durante la entrevista. “Les arrojé piedras mientras todo ocurría y “desafortunadamente” una de ellas acertó en la cabeza de un hombre”.

“Desafortunadamente”, sí han leído bien, el corazón de “Williams” no guarda rencor hacia los hombres que destrozaron su vida. “No podía creer lo que estaba ocurriendo, jamás pude pensar que los musulmanes pudieran hacer eso”.

Perseguido por los hombres que atacaron a su familia, logró huir del Estado donde vivía y, con la ayuda de alguien a quien conoció poco después, comenzó su viaje hacia el norte, hacia Marruecos. Desde allí, como le habían dicho, era más fácil cruzar a España.

Durante el camino padeció enfermedades, miserias y hambruna. Cruzó el desierto del Sahara donde casi pierde la razón. “Los guías conocían el desierto de Libia, pero creo que no conocían esta parte del Sahara. Durante el camino muere mucha gente, si has estado allí lo ves. ¡Es tan peligroso! Un chico se desmayo y no lo pudimos reanimar; murió allí mismo y lo sepultaron así, tan sólo a 2 pulgadas de profundidad. Eso no está bien, no es justo y empecé a llorar, pero nadie me escuchaba. Muchas veces dicen a las familias que su hijo o su hija está en Europa ganando dinero pero en realidad está muerto, enterrado en el desierto”.

Las mujeres africanas lo tienen todavía más crudo. Estamos en el siglo XXI pero en muchos más lugares del planeta, muchos más de los que podamos imaginar, la esclavitud todavía está en vigor, lo he podido comprobar con mis propios ojos y algún día hablaremos mas despacio sobre el asunto. Las redes de trata siguen comerciando con seres humanos y no nos queremos dar cuenta de ello.

“Ellos hacen tráfico de seres humanos, compran seres humanos, los traen a Europa. También muchas chicas. Mucha gente muere en el camino porque quieren llegar a Europa”.

“Williams” obtuvo el estatuto de refugiado en Marruecos. “Soy un refugiado pero no estoy protegido en este país, tampoco hay derechos humanos en este país, ni libertad de expresión”, denunciaba ante nuestra cámara.

Pero su particular odisea, afortunadamente ha tenido su recompensa. Hace unos días las personas que se afanaban en hacer valer sus derechos, tras una lucha contra todos los inconvenientes que existían, han conseguido que un país occidental le haya otorgado la acogida a la que tenía derecho por su condición de refugiado.

Hoy empieza todo para “Williams”. Le deseo que la vida le otorgue la suerte que le negó en estos primeros años y que tenga el mejor de los futuros. Su historia es la de un niño que un día tuvo que dejar  de serlo porque alguien pensó que un Dios les pedía matar en su nombre.

 

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