Escritos en libertad: El voto frígido
martes 09 de noviembre de 2010, 19:49h
Actualizado: 07 de febrero de 2011, 13:44h
Zapatero vuelve por sus fueros. Quiere esto decir que de nuevo desconcierta al personal, da una larga cambiada y demuestra que no estaba muerto, que no. La parroquia de enfrente se pone nerviosa, se descompone en rictus de ansiedad. Objetivo logrado.
- ¿Qué me dice usted?, preguntará el lector a la vista de la última encuesta del CIS y de los sondeos que maneja el PP.
Efectivamente, la última encuesta del CIS otorga al PP una ventaja de ocho puntos sobre el PSOE en la intención de voto. Consecuencia de que el PP aumenta algo más del dos por ciento respecto a los resultados obtenidos en las últimas elecciones generales, mientras que el PSOE registra una desbandada del diez por ciento. No hay que olvidar tampoco que Zapatero, a pesar de ofrecer nula o escasa confianza a ocho de cada diez electores, empata en cuestión tan desfavorable con Rajoy, e igualmente ambos políticos suspenden en la valoración de liderazgo.
Sin entrar en mayores profundidades, los datos inducen a pensar que no todo el pescado está vendido y que alguno, que se ve de nuevo inquilino en la Moncloa, corre serio riesgo de quedarse con el chicharro maloliente entre las manos.
La afirmación con la que se abre este comentario no se basa, sin embargo, en la encuesta, que tiene además un valor más relativo al encuadrarse en el periodo tensionado de la huelga general, sino en una percepción menos técnica. Una intuición.
Zapatero ha regresado por sus fueros con una simple finta. Ha expuesto ante las cámaras a Rubalcaba, cuya presencia ya era más que notable, y ha sido suficiente para suscitar un debate agrio, aparentemente transcendental, pero ajeno a la preocupación del ciudadano de a pie. Uno tiende a pensar que tamaña desconexión entre las ocupaciones de los políticos y las preocupaciones de los ciudadanos se debe a que los primeros tienen resuelto el pago de la hipoteca y los segundos ven en la crisis un monstruo de cien brazos que antes o después acabará dándoles un zarpazo.
Esta desconexión se ha agrandado este fin de semana con la visita del Papa Ratzinger, al que cada día se le pone mejor cara para concurrir a un casting de personajes diabólicos, dicho sea sólo por afán descriptivo y con todo el respeto y cariño. El PP, precedido de unas desafortunadas declaraciones de Rajoy sobre los matrimonios gay y otras lindezas, se lanzó en barrena para marcar distancias con todo lo que suena a progreso ideológico.
Sin duda no se han dado cuenta de que por ese camino el PP no va a conseguir más votos. Los tienen todos. La intensidad emocional no se mide en el escrutinio y lo mismo vale al final el voto fogoso que el tibio. Así que esta deriva que ha tomado el PP y que el tándem Zapatero-Rubalcaba tan inteligentemente anima y alienta, es más que probable que sirva de reclamo para que regresen ese ocho por ciento de votantes desencantados, hoy en la abstención o enmascarados en opciones localistas. Será Zapatero u otro el Hammelin quen haga sonar la flauta del reclamo electoral. (No me cabe la menor duda de que será Zapatero). Serán más perezosos, no serán los primeros. Será un voto menos temperamental que el que alimenta últimamente el PP… Será un voto frígido, sí, pero no menos importante para decidir la victoria. Queda un año y medio para rectificar, abrir horizontes electorales, o ahondar en el entusiasmo de los sobradamente convencidos.
Fernando Aller. Periodista.