OPINION/ Victor Gijón
Diego y Revilla, frente a frente
jueves 31 de mayo de 2007, 18:00h
Actualizado: 19 de septiembre de 2007, 18:32h
Hoy se inicia el diálogo entre partidos tras las elecciones del 27-M. Abre boca el encuentro entre las delegaciones del PP y del PRC, del que nadie espera salga compromiso alguno, aunque ya es todo un acontecimiento que Ignacio Diego y Miguel Ángel Revilla se sientan frente a frente.
Es la primera vez que el líder de la oposición se reúne con el presidente del Gobierno. Desde que Diego accediera, hace casi tres años, a la dirección regional del PP, Revilla sólo ha existido para el dirigente popular a la ahora de ser despreciado, insultado, ninguneado y descalificado. Políticamente, pero sobre todo en lo personal.
El presidente de Cantabria ha confesado que si él hubiera dicho de Diego la mitad de lo que éste ha dicho de él nunca se le habría ocurrido llamarle. Revilla manifiesta, cada vez que tiene ocasión, su respeto por el PP, pero no considera a su máximo dirigente regional acreedor a ese respeto por su contumaz comportamiento de críticas e insultos.
Pero nada es imposible en política y, quizás, estemos asistiendo sin saberlo a un giro de 180 grados en la forma de hacer oposición del PP. Puede que la reunión de hoy con el PRC y la prevista para mañana con el PSOE sean sólo una coartada que justifique a posteriori más de lo mismo o algo más profundo.
De momento en la reunión aparece un dirigente emergente, de talante muy distinto a la ‘vieja guardia pepera’, como es el futuro alcalde de Santander, Iñigo de la Serna. El PP está en su derecho de reclamar para sí el Gobierno de la región en tanto que partido más votado, pero junto a ello debe explicar a los ciudadanos con que votos cuenta para formar Gobierno y gobernar.
A tres escaños de la mayoría absoluta únicamente un acuerdo con otra fuerza política, bien en forma de coalición de Gobierno, bien con apoyos puntuales parlamentarios, permitiría al PP garantizar una legislatura sin sobresaltos.
Pero por las mismas razones si son otros los que alcanzan esa mayoría de votos en la Cámara, el PP, sin renunciar a la critica de los aspectos concretos y de la gestión de ese Gobierno, debería respetar esa decisión y no cuestionarla permanentemente como ha hecho en los últimos cuatro años.
Claro que el argumento estrella, aquel de que el PSOE había hecho presidente del Gobierno al partido menos votado, se cae por el peso del resultado de las elecciones del pasado domingo. En el supuesto, bien entendido, de que haya reedición del pacto y Revilla vuelve a ocupar la presidencia del Gobierno. Asunto que a día de hoy no está ni mucho menos cerrado.