martes 11 de enero de 2011, 21:50h
Una cosa es educar y otra es entrenar, de manera que no hay que caer en el error de creer que el entrenamiento genera educación. Mientras que el entrenamiento se dirige a la capacitación física de la persona, la educación se orienta a la formación de su espíritu. El entrenamiento se afirma en la capacitación del cuerpo y las manos de los hombres y mujeres, se les capacita para la acción, para la fabricación de cosas, para la producción de objetos, pues de unas manos bien entrenadas salen productos con mejor acabado, igualmente, un cuerpo así bien preparado resiste faenas exigentes, se adecua dócilmente al ritmo de la fabricación y responde enérgicamente a los requerimientos laborales.
Es por esta razón que los dueños de la economía, los empresarios, prefieren las instituciones educativas centradas en el entrenamiento y no en la educación. A estos lo que les importa es que sus riquezas económicas se eleven siempre, de allí que tengan enorme interés en poner las instituciones educativas de nivel superior al servicio de sus intereses exclusivos y que éstas en vez de educar entrenen a los estudiantes, los capaciten para el trabajo, los preparen como mano de obra, al mismo tiempo que les adormecen su espíritu, le anulan su alma, le aquietan su subjetividad. La consigna educativa de los empresarios es sin duda “cuerpo entrenado y espíritu adocenado”, tal es el tipo de persona que esperan le proporcionen sus instituciones educativas.
La idea de educar, otro sentido, lo que procura es la formación del espíritu de la persona, el enriquecimiento de su subjetividad, el perfeccionamiento de su pensamiento. Su interés es el alma de la persona, su condición de sujeto cognoscente, de ser pensante. Se preocupa la educación por la formación de personas que piensen con cabeza propia, que asuman autónomamente el proceso de pensar, que se interesen por elevar su capacidad para comprender la realidad que los circunda. Entonces, el educador que educa no se dedica a la simple enseñanza de conocimientos, tampoco instruye, ni transmite información, sino que deja que el otro aprenda; incita al alumno a aprender por sí mismo, promueve en éste la búsqueda del saber, permite que en él afloren las dudas, las preguntas, las interrogantes y que las responda por sí mismo, después de haber estudiado los asuntos que correspondan. Entonces, lo educativo tiene que ver con la formación completa de la personalidad. Es un proceso que toca lo profundo del espíritu humano, que ve a la persona en su totalidad, que la concibe como una unidad cuerpo, mente y existencia; es por tanto un proceso que afecta integralmente al ser humano.
gareza@yahoo.es