· Apeló al consenso de los constituyentes para afrontar grandes cuestiones de Estado
· Dijo que le guía "la unidad de España" y nuestro modelo de vertebración territorial
Nada de protocolario discurso el que el Rey Don Juan Carlos I ha dirigido a políticos e invitados en estos actos conmemorativos. El Rey hizo un discurso relativamente breve, pero especialmente político, en el que ha pedido “unidad”, “consenso”, “entendimiento” y “diálogo sincero” entre todas las fuerzas políticas para superar las grandes cuestiones que afectan al Estado. Delante de muchos de los diputados constituyentes y de los ‘padres de la Constitución’, el Rey ha apelado a las fuerzas políticas a que limen sus diferencias con el instrumento básico que se puso en marcha hace treinta años: la política del consenso.
El discurso del Rey tuvo que realizarse necesariamente en el hemiciclo del Congreso de los Diputados debido a que la inclemencias meteorológicas impidieron los actos programados al aire libre: no sólo los discursos del propio Rey y del presidente del Congreso, Manuel Marín, sino también la proyección del vídeo “15-J: 30 años después” preparado por TVE para el Congreso de los Diputados.
Y, efectivamente, fue un discurso político en el que el Rey ha recordado a los actuales representantes de los españoles que “divisiones y desencuentros no pueden ser compañeros de ruta de una gran Nación como España, cuya transición política, marco de convivencia democrática y profunda modernización, siguen siendo ejemplos para el mundo y nos deben servir de estímulo a los propios españoles”.
Una llamada a la ‘conciliación’ de la vida política, en un momento en que la crispación parecía haberse adueñado del país. “Antes las grandes cuestiones que afectan al Estado debemos buscar la unidad y el entendimiento basados en el diálogo sincero”, les ha dicho el Rey a los diputados, y les ha añadido que “debemos armonizar puntos de vista y lograr entre todos los más amplios consensos”, recordándoles que “todo lo que es producto del consenso es siempre más sólido, integrador y duradero, refleja mejor el sentir del conjunto, sirve mejor al interés general”.
En ese punto, el Rey se ha referido a la “amenaza terrorista”, que ha ocupado una parte muy importante de su discurso. “Apliquémonos a derrotar la abominable lacra del terrorismo cruel e inhumano que tantas víctimas y dolor ha generado, fraguando de nuevo, como tantas veces he pedido, la necesaria cohesión y unidad para alcanzar un objetivo tan vital como irrenunciable”.
El Rey ha sido, pues, muy claro en este discurso de aniversario, en el que no se olvidó tampoco de las víctimas de la violencia terrorista, para las que pidió “nuestro mayor reconocimiento, apoyo y respeto” porque es “un deber moral que tenemos contraído”. E hizo mención especial también a la sociedad vasca, que quizá sea la que más sufra de forma directa las “brutales consecuencias” del terrorismo, “sus extorsiones y amenazas”. Para finalizar con una frase lapidaria: “Treinta años de democracia son ya muchos para dejar claro, una vez más, que la violencia terrorista nunca conseguirá sus objetivos”.
Recuerdo del pasado, política de futuro
El discurso del Rey estaba perfectamente estructurado en unos ejes que llevaban desde el recuerdo de lo que ahora se conmemoraba a su confianza en un futuro aún mejor que el España ha conseguido. Pero siempre y cuando se aprendiera de los padres constituyentes la forma de hacer política que ha hecho posible que lleguemos al punto en el que nos encontramos.
En su recuerdo del pasado, el Rey subrayó la trascendencia de aquellas elecciones de 1977 que conformaron un hito fundamental para construcción de nuestro actual marco de convivencia en democracia y libertad. Las palabras del Rey en este punto fueron de “gratitud y homenaje” al pueblo español, a los principales artífices del cambio que allí se inició, a los ponentes de la Constitución, a partidos y sindicatos y, muy especialmente, “a la destacada labor y personalidad de Adolfo Suárez a quien, con motivo de este aniversario, he concedido el Toisón de Oro para reconocer su dedicación y entrega al servicio de España y de la Corona”. Adolfo Suárez, es cierto, ha sido el gran ausente involuntario de este acto institucional: su salud le ha impedido estar presente, pero ha contado con un reconocimiento muy especial.
El Rey ha recordado que en 1977 la “normalidad democrática” era inaplazable y que “la Corona estaba firmemente comprometida con ese proyecto”; una manera de convivencia en la que sólo a los ciudadanos españoles les “correspondía asumir las riendas de su propio destino” para construir una España democrática “moderna, unida, respetuosa de su rica pluralidad y diversas”. Es decir, dos ideas básicas: que la Corona devolvía de forma consciente y libre la soberanía al pueblo, lejos de “divisiones, exclusiones, exilios e intolerancias” porque “no podíamos repetir los errores del pasado”. Una soberanía y una forma de Estado que pasaba por “el respeto mutuo, la tolerancia, la reconciliación y la concordia” dentro en torno a una Monarquía Parlamentaria como la que disponían –y disponen- otras Naciones europeas avanzadas.
Las palabras del Rey se centraron en ese punto a aquella generación que marcó un camino, pero también “una forma de hacer política”, que nos dejó el legado del consenso por el cual fue posible aprobar la Constitución de 1978, “un legado que, siempre que ha dominado el debate, nos ha permitido evitar duros y estériles enfrentamientos en el normal desarrollo de nuestra vida política”; es decir, un aviso a los actuales navegantes: “Un legado cuyo respeto constituye un indudable referentes que debemos mantener para que nuestra vida política fluya siempre como debate democrático destinado a construir una España cada vez mejor”.
Podría decirse que el Rey finalizó su discurso con un resumen breve, pero contundente de lo que él mismo esperaba en 1977 y de lo que espera hoy: “Junto a la Reina como en aquella fecha de 1977, quiero manifestar que la voluntad de favorecer la más armónica convivencia democrática entre todos los españoles, dentro de la unidad de España y de nuestro modelo de vertebración territorial, de promover mayores cotas de bienestar para todos, es el norte que me guía como Rey por amor a España y compromiso con la libertad”