martes 22 de marzo de 2011, 18:00h
No se puede confundir el concepto moderno de "soberanía" con el que existía en la Edad Media
Estamos siendo testigos de un evento histórico: Cuando ya parecía demasiado tarde, la comunidad internacional -incluyendo el Consejo de Seguridad de la ONU, la Liga Árabe y el Consejo de Cooperación del Golfo (GCC)- se unieron para detener la andanzas de un dictador que ya lleva 42 años en el poder.
El mensaje que le dieron al coronel se puede interpretar en pocas palabras: No importa cuánto petróleo tengas, el mundo ya no está dispuesto a tolerar que un dictador utilice sus aviones rusos y sus mercenarios extranjeros para atacar a su propio pueblo.
Incluso Rusia -cuyas ventas de armas a ese país superaban los US$ 4.500 millones- o China, a la cual el dictador ofreció todo el petróleo que pudiese requerir, se abstuvieron de ejercer el veto al cual tenían derecho en el Consejo de Seguridad de la ONU. La Resolución del Consejo de Seguridad se adopta por 10 votos a favor y ninguno en contra (aunque con 5 abstenciones).
No faltará quien diga que se trata de una injerencia extranjera, una violación al principio de autodeterminación de los pueblos y también a la soberanía de una nación.
¡No se trata de una injerencia en asuntos internos! Se trata de salvaguardar los derechos humanos de ciudadanos libios que están siendo masacrados. Se trata de una tragedia incomprensible -por decir lo menos- ya que a la representación del Gobierno libio le correspondió hace poco tiempo presidir la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Tanta importancia fingía darle el coronel a este principio, que en 1988 se creó en Libia el "Premio Gadafi a los Derechos Humanos" para distinguir cada año:
"a una personalidad que colaboró de forma sublime en la prestación de servicios humanos destacados y en la realización de labores gloriosas en defensa de los derechos humanos, defender la causa de la libertad y apoyar la paz" .
Esta distinción le ha sido otorgada entre otros a Fidel Castro, Hugo Chávez y Daniel Ortega.
En cuanto al principio de la "libre determinación", como su nombre lo indica, corresponde a los pueblos y no a los dictadores. Cuando un militar utiliza armas de guerra contra su propio pueblo pierde cualquier vestigio de legitimidad y, en defensa de la soberanía de ese pueblo, la comunidad internacional tiene la obligación moral de acudir en su auxilio.
No se puede confundir el concepto moderno de "soberanía" con el que existía en la Edad Media, cuando se consideraba que el príncipe era el soberano y sus súbditos no podían apelar a una autoridad más alta. Todavía por allá, en 1576, Jean Bodin -en su obra "Los Seis Libros de la República"- señalaba que "la soberanía es un poder absoluto y perpetuo, a través del cual, quien la ejerce, tiene la facultad de dictar y derogar leyes".
Me pregunto yo si ese es el tipo de "soberanía" que auspician algunos gobernantes que salieron en defensa de los derechos del dictador.
Libia es miembro de la ONU desde el 14 de diciembre de 1955 y, como tal, está obligada a respetar las obligaciones asumidas al adherir la Carta de la Organización y aquellas emanadas de tratados y otras fuentes de derecho internacional. En este sentido es necesario recordar que en el orden externo los estados soberanos se transforman en sujetos del derecho internacional y no pueden actuar como entes irresponsables desligados de cualquier norma.
En el caso específico que nos ocupa, vemos como el Gobierno libio anuncia un inmediato "cese al fuego", pero sus aviones y tanques rusos siguen atacando a las ciudades en poder de sus opositores. En otras palabras, por lo visto Gadafi consideró como "no aplicable" la decisión del Consejo de Seguridad.
En vista de esta situación vemos como el presidente Sarcozi de Francia, el primer ministro Cameron del Reino Unido, el presidente Obama y su secretaria de Estado Clinton -de EEUU- afirman que a Gadafi se le juzgará "por lo que hace y no por lo que dice".
Finalmente la comunidad internacional actuó a partir del sábado y los ataques han tenido efectos devastadores sobre las defensas aéreas de Gadafi. Todo parece indicar que, salvo opciones indeseables, Gadafi irá a parar a la Corte Penal Internacional.
El mensaje también es claro para otros gobernantes que se sientan tentados a utilizar sus aviones rusos contra el pueblo o a considerar como "no aplicable" las decisiones de tribunales internacionales que emanan de tratados suscritos y ratificados. A esos gobernantes hay que darles un consejo: Cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo.