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La campaña electoral puede servir para algo

La campaña electoral puede servir para algo

domingo 27 de marzo de 2011, 22:11h
Le queda poco ya a la legislatura 2007-2011. La maquinaria electoral de los partidos ya está a plena máquina, y en las últimas semanas se han inaugurado obras como si la crisis no hubiera pasado nunca por aquí. Entre otros edificios, se han abierto las puertas de la nueva sede de la Federación de Municipios y Provincias de Castilla y León, una torre a pocos metros de la sede de las Cortes, zona que bien conocen los agricultores y ganaderos, porque varias veces ha sido escenario de nuestras manifestaciones. A los pies del edificio, como ya pasa junto a las Cortes, los arquitectos han tenido a bien plasmar el nombre de todos los municipios que existen en la región, provincia a provincia. Son cientos de nombres, y eso que faltan los de las pedanías y otros núcleos de población que hoy por hoy no tienen la categoría administrativa de municipio. Como tantos otros nacidos en un pueblo, he buscado en alguna ocasión el nombre del mío. No es grande ni importante, pero es mi pueblo. Seguramente no entre en consideración para los partidos, ahora que planifican las visitas y mítines que van a organizar en toda la región, porque hay pocos votantes. A los políticos les van más los asuntos importantes, aunque bien es verdad que tampoco al final los resultados les acompañan. Repasemos tres de los temas que se marcó el Gobierno regional para la legislatura que ahora acaba, que repercutían en el medio rural: la Ley de Desarrollo Rural, el trasvase de las competencias del Duero, o lograr un “músculo financiero ágil” a través de una fusión de las cajas de ahorros. No se puede decir que el éxito haya acompañado en ninguno de ellos. También se ha hablado bastante en estos cuatro años de población y ordenación del territorio. Se han convocado numerosas reuniones al respecto e incluso foros de debate respaldados por las reflexiones de la mesa de pensadores de la comunidad. La despoblación también ha servido para que sus señorías en las Cortes se tiren de los pelos, sin ningún resultado claro. Pero todo ese ruido apenas se ha escuchado y, desde luego, de nada ha servido para que el medio rural se revitalice. En las próximas semanas los políticos de esta región estarán bastante estresados. Primero, por sus luchas internas, por colocarse en buen puesto de salida una vez superadas las elecciones; segundo, porque aunque el resultado se da por cantando, tendrán que recorrer el territorio pidiendo el voto. A los pueblos más grandes y cabeceras de comarca irán en pleno, apretando manos y dando abrazos y besos, prometiendo alguna cosa y echando la culpa de lo que falte al gobierno central o al autonómico, según se trate del PP o del PSOE. A los pueblos más pequeños apenas llegará la caravana electoral. Un cartel, un comentario de un vecino, una reunión en el teleclub, será la limitada campaña que habrá. Los alcaldes no hablarán de grandes proyectos, sino de las dificultades del día a día, de que no llega el dinero para pagar al secretario, el abastecimiento de agua, la luz o la recogida de basuras. Dirán que hay que ser austeros, que con la crisis no se puede hacer dispendios, y concluirán confiando en que llegue por fin una ordenación de territorio y un plan de convergencia que sanee las cuentas y garantice los servicios. Y recordarán a los vecinos que, sobre todo, no se olviden de elegir la papeleta correcta cuando vayan a votar. En este tiempo en las que nuestros procuradores no tienen que ir a pasear el maletín por las Cortes y preparan la mochila para patearse la región, les pediría que aprovechen esas visitas, más que para lanzar discursos huecos, para abrir bien los oídos y los ojos y comprobar cómo son de verdad los castellanos y los leoneses. Cómo viven y qué necesitan, y tomar nota de ello. Por unas semanas tienen la posibilidad de conocer a los hombres y mujeres que viven en esos cientos de pueblos cuyos nombres están escritos junto a la sede de la Federación de Municipios. Personas que no necesitan grandes edificios ni reconocimientos, sólo políticas que les permita continuar viviendo en el lugar al que pertenecen. Porque sin gente el nombre de un pueblo no es nada más que eso, una inscripción en la piedra. Donaciano Dujo. Presidente de ASAJA de Castilla y León
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