www.diariocritico.com
Paisaje con botas rojas

Paisaje con botas rojas

martes 05 de abril de 2011, 21:23h
Actualizado: 06 de abril de 2011, 00:39h
Cuentan que en la cultura japonesa exteriorizar la desgracia es tan insólito que quizá por ello la fotografía de una muchacha japonesa llorando amargamente entre los escombros de la ciudad de Natori se haya convertido en una de las imágenes más desoladoras del desastre. Fue distribuida mundialmente por la agencia Reuters pero no todos los periódicos respetaron su composición original puesto que algunos, tal vez por razones de ajuste de espacio o, en su defecto, para resaltar simbólicamente la soledad de la figura humana entre el amasijo de escombros, la recortaron de forma generosa. Con esa operación redujeron a la mínima expresión una escena que, con tres planos perfectamente definidos con arreglo a los cánones paisajísticos, merece la pena contemplar en algún instante. Al fondo, donde se halla la línea del horizonte, muy sinuosa, aparecen difuminados en el azul propio de la lejanía e incrustados en la escena lo que parecen ser una colina, un poste y un par de edificios igual de arrugados que los paquetes de tabaco vacíos depositados en las papeleras. Uno de ellos, en realidad, es un esqueleto formado por vigas verticales y un techado. En la zona intermedia, menos difusa, tampoco hay horizontalidad, pero por su reducido tamaño resulta imposible discernir la multitud de elementos que lo componen, aunque resalten sobre todo unas manchas blancas dispuestas irregularmente y unos matorrales verdes que, según se ve, fueron de los pocos seres vivos que sobrevivieron a las olas gigantes. En el centro del primer plano, muy nítido en conjunto, aparecen unas botas rojas llenas de barro reciente, un trapo blanco y, al lado, una muchacha abatida cuyos lagrimones usted no podrá contemplar por más que amplíe la imagen y se deje los ojos ante la pantalla. Haga la prueba, pinche aquí mismo con el ratón del ordenador. Verá que está sentada en el suelo de una calle, verá que se halla al borde de un enorme paseo de la desolación, verá que esconde las manos entre las piernas y verá que tiene los pies descalzos, apoyados junto a unos matojos enraizados al borde de la estructura de cemento de lo que parece una carretera o un bulevar; pero no va a poder vislumbrar en sus ojos ni la más mínima referencia a lo que ha perdido o le falta. A lo sumo llegará a comprender esa mueca característica de quienes se ven en algún instante de la vida abocados a empezar de nuevo porque un cortocircuito de la naturaleza ha pulverizado el disco duro de su existencia, pero jamás sabrá qué piensa porque la tecnología fotográfica no llega tan lejos. Paradójicamente, mientras cerca de allí muchos peces comparten cesio 137 con el agua del mar, el abatimiento de la mujer, uno más entre tantos miles, puede depararle una enorme alegría al autor de la instantánea porque ésta reúne requisitos adecuados para optar a un galardón profesional de renombre. Usted…¿habría hecho la foto o, en su lugar, habría apoyado la mano en su hombro, diciendo adiós a la instantánea de su vida? Antonio Álamo. Periodista.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)

+
0 comentarios