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La cuestión religiosa

La cuestión religiosa

Tras la profanación absurda e inútil de una capilla en la Universidad Complutense de Madrid, ahora un grupo escasamente representativo pretende hacer una procesión atea, que no laica, en pleno Jueves Santo también en las calles de Madrid. “Es un acto festivo, dicen, para celebrar la primavera y manifestar nuestra opinión sobre las creencias religiosas, es decir ninguna”. ¿Ninguna? Los organizadores, al parecer una asociación vecinal de Lavapiés y otra organización llamada Ateos en Lucha, aunque éstos últimos parece querer desmarcarse, han dicho públicamente que buscan “hacer daño a la conciencia católica” y se han permitido bromas con la quema de iglesias en los comienzos del 36. Pese a “no tener nada contra las creencias religiosas”, preparan una marcha el Jueves Santo con pasos como los de la “Hermandad de la santa Pedofilia” o la “Cofradía del Papa del santo Latrocinio”. Ni una sola palabra, por supuesto, en un barrio multicultural, contra Alá ni contra las mezquitas. También será un disparate, pero siempre es contra lo mismo. La delegada del Gobierno en Madrid, que dijo que eso no iba con ella, a pesar de que puede haber un serio problema de orden público, se ha visto obligada a rectificar por el ministro Rubalcaba. Ya veremos en qué queda.  No son muchos, pero hacen mucho ruido. No es que quieran una sociedad sin Dios, una escuela sin crucifijos o relegar a Dios a las sacristías, rechazando de un plumazo todas las raíces culturales sociales… y religiosas que han hecho Europa y España. Algunos quieren una sociedad sin rastro de Dios. Si pudieran, prohibirían las procesiones de Semana Santa y todo aquello que recuerde la presencia religiosa en la sociedad. Aunque el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha dicho que la presencia del crucifijo en las aulas no atenta contra la libertad de educación, la batalla continúa porque se trata de borrar al máximo los símbolos y las raíces cristinas en la sociedad. La Iglesia sigue siendo un referente ético y moral para muchos. Decía Ortega que “remover de la discusión las opiniones religiosas es negarles el valor de la seria humanidad, y negarles ese valor es acaso negarles todos los valores, desintegrarlas de la conciencia cultural y ponerlas a la par de las sensaciones olfativas”. Tantas décadas después, sigue siendo actual    A la Iglesia y a los católicos hay que pedirles respeto y tolerancia. La Iglesia y los católicos merecen ese mismo respeto, esa misma tolerancia. A nadie se le obliga ya afortunadamente a casarse por la Iglesia, a ir a misa, a creer en Dios, el Dios del amor, del respeto, de la solidaridad, de la libertad. Una escuela o una sociedad laica no son una escuela y una sociedad irreligiosas. Lo religioso, lo trascendente, están en la esencia del hombre. El catolicismo está en la esencia de España. Nada se entendería de nuestra historia, de nuestra cultura y de nuestra sociedad sin esa herencia. La libertad exige respeto y tolerancia de todas las creencias.
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