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Villalar siempre

Villalar siempre

viernes 22 de abril de 2011, 19:46h
Actualizado: 28 de abril de 2011, 00:09h
La fiesta de Castilla y León, la fiesta de Villalar, este año más que una cita de alegría parece el encuentro con un funeral. Pero no por la fiesta en sí, ni por las ganas que ponen los que van a la campa de la histórica población, sino por que se respira crisis por todos los lados. No está el ambiente para juergas, pero en cambio hay que hacer un esfuerzo colectivo para creer en la esperanza. Ante las dificultades no podemos seguir instalados en la queja, en la resignación, sino convencernos de que la única forma de salir adelante, de superar esta situación, es mirar al futuro con descaro. Negar lo evidente sería absurdo, pero regodearse en la enfermedad sería suicida. Tenemos que creer en nosotros mismos y no esperar que nos saquen del atolladero los demás. Si hemos conseguido superar tantas cosas en los últimos treinta años ¿Porqué no vamos a poder ahora? Y tenemos que hacerlo desde la firmeza, desde la convicción individual, personal, para llegar a la sociedad en su conjunto. Sólo con confianza se puede vencer en esta batalla contra el desánimo económico y laboral. Nos va a costar adaptarnos a la nueva realidad, pero no hay que desfallecer. Los demás andan a lo suyo, y aunque esta es una tarea colectiva, debemos pensar en nosotros mismos. Y Villalar puede ser un buen espejo, un punto para el análisis y la reflexión.      Porque Villalar es una cita que, lejos de lo que piensan algunos, no es una derrota, sino sólo una batalla perdida precisamente contra un Rey, Carlos I de España y V de Alemania, que dominó Europa entre otras cosas, “a costa de Castilla”. Y aunque esto muchos lo tienen olvidado hay que recordar las palabras del Conde Duque de Olivares cuando dijo, varias décadas después, que era “imposible mantener Europa y América con el erario castellano”. Y así sucedió, que todo se fue yendo al garete, entre otras cosas por la actitud de nuestros reyes, austrias y borbones, que fueron una recua de impresentables, y de unos gobernantes corruptos e ineptos como el propio Olivares. Se perdió en 1521 una batalla, pero la guerra siguió, y sigue, porque la lucha por esta tierra no termina nunca.       Por eso Villalar es una cita inacabada; una cita comunal y comunera que nos viene muy bien en una situación como esta. La campa de Villalar de los Comuneros, a pesar de los descreídos, tiene sentido, y no sólo para la música de Candeal, que también, sino para todos los hombres y mujeres de esta tierra que saben que hay que levantarla contra viento y marea. Peor que un ejército como el de Carlos I de España y V de Alemania que derrotó a Padilla, Bravo y Maldonado, es el asumir la derrota como parte intrínseca de una mentalidad: la castellana, y la leonesa, que tanto montan, porque después de tantos años de decepciones no estamos muy abiertos a creer. Pero hay que hacerlo. Ahora más que nunca. Tenemos que pensar en los hijos, en los nietos, en el futuro. A pesar de la situación económica y laboral las viejas reivindicaciones de paz, justicia, solidaridad, libertad  y comunidad siguen, deben seguir, intactas.        Villalar no conmemora una derrota, sino que es una cita con nuestra propia Historia, la de Castilla y León, pero también la de toda España. Incluso de Europa. Manuel Azaña, gran reivindicador del significado de la batalla de Villalar, aseguró en sus escritos que este hecho influyó decisivamente, años más tarde, en la Revolución Francesa, un acontecimiento fundamental para el sentido y la realidad de la Humanidad de hoy. O sea, que Villalar, tuvo, tiene y seguirá teniendo sentido y fundamento. Pues eso. A Villalar.   
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