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Una clase política bajo mínimos

Una clase política bajo mínimos

José María Aznar ha abierto la locura electoral en Salamanca. Ha tenido que volver el ‘maldito’ (así le considera gran parte de la izquierda) a esta tierra para dar el pistoletazo de salida a la que parece va a ser la más aburrida y anodina de las campañas electorales.   La clase política española y, por ende, la castellano y leonesa está bajo mínimos. Esta es una coincidencia absoluta en la opinión pública. Todo el mundo pone a parir a los políticos y echa de menos los grandes apellidos: González, Suárez, Madrid, Quijano, Lucas, Aznar…   Tenemos una Comunidad en la que existe una sobreabundancia de políticos rutinarios. Políticos que dedican sus principales energías en quedar bien y dejar al contrario destrozado. Y los tenemos en el Gobierno y en la oposición. Y, desgraciadamente, vamos a tenerlos una vez pasen las elecciones porque los cambios, que en algunos casos son numerosos, tienen el mismo perfil.   A menos de un mes para las elecciones autonómicas y locales, los grandes partidos de la región lo único que han hecho es reunirse con los candidatos y largar obviedades. Unos en rueda de prensa y otros a través de un comunicado. Lo cual, a veces, es de agradecer. Porque ya me dirán ustedes que para decir como Óscar López “confío más en los ciudadanos que en las encuestas”, o Juan Vicente Herrera “el PP va en buena dirección pero las elecciones no están ganadas”  no es necesario convocar a todos los periodistas, ni tampoco requiere un equipo de mucho nivel.   No hay fondos, la verdad, pero tampoco parece que vaya a haber muchas ideas e imaginación. Abundarán –ya han empezado a aflorar- insultos y acusaciones. Mucha crispación y frases sobadas que, ya se sabe, eso moviliza al elector. Muchos políticos en Castilla y León están bajo mínimos y no resistirían un test de calidad.
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