Salario mínimo y máximos precios petroleros
jueves 28 de abril de 2011, 17:23h
El próximo 1° de mayo, será uno más de entre otros muchos, en estos doce años de chavismo, en que se prodigará la demagogia y la mentira por parte del gobierno, para ensalzar el "estado de bienestar" o "buen vivir" como se le dice ahora, en que se encuentran los trabajadores venezolanos; la felicidad que los embarga en las empresas socialistas, su control en manos del pueblo, y la explotación de los trabajadores por el capitalismo, salvados por esta revolución, etc. Una vez más, se aplaudirá en algún desfile somnoliento lleno de discursos aburridos y palabras huecas, la consabida subida del salario mínimo, un hecho ya tan previsible y costumbrista como la inflación que se pretende combatir, y que carcome nuestros bolsillos diariamente.
Pero este año, el aumento salarial de un 26,5 %, similar al de los anteriores y que igualmente se dará en dos partes, no obstante el alza significativa que han tenido los precios del petróleo, viene acompañado de un regalo preelectoral que provocará su absorción anticipada por la inflación y la temprana especulación con la cual se pretenden cubrir muchos comerciantes pequeños y medianos. Nos referimos a la extensión del popular cesta ticket a otros sectores de la población laboral, que bien por encontrarse en periodo vacacional o en una condición especial como la de la mujer embarazada, hasta ahora solo podían disfrutarlo como resultado de la negociación de una contratación colectiva, mas no por mandato de la ley. Y es que, si bien se trata de una medida que en principio pareciera un acto de justicia, al final pudiera terminar creando un caos salarial de gran impacto económico. Por lo pronto vale decir, que los aumentos de precios los veremos a la vuelta de la esquina, en panaderías, areperas, cafeterías, negocios pequeños y comercio en general, que por razones legales no estaban obligados a pagarlo. Así que en lugar de combatir la inflación, estas medidas que buscan mejorar el poder adquisitivo del trabajador lo que harán es desmejorarlo más de lo que está.
El lunes pasado, rodeado de su Consejo de Ministros, Chávez durante el anuncio de estas medidas, llegó a jactarse de ser el presidente que ha aumentado el salario mínimo todos los años, como si ello, por sí solo, fuese la solución de vida para cualquier trabajador. La verdad, es que dicho aumento de salario, que siempre resulta simbólico, va unido a otras medidas como la congelación de los precios de la denominada cesta básica, y la inamovilidad laboral, que terminan resultando nefastas, pues ni sostienen los precios, ni impiden el desempleo. La fórmula salario mínimo más inamovilidad sostenida en el tiempo, no como política circunstancial sino permanente por parte del gobierno, condena a los trabajadores a ser tratados con un rasero laboral por los empleadores que va a hacerles muy difícil superarse y que lejos de permitirles apreciar el valor del trabajo y mejorar sus condiciones de vida, los conduce a un igualitarismo social pernicioso y nada estimulante. Si por otra parte se quiere disminuir, como pareciera, el universo de trabajadores que ganan salario mínimo, pues Chávez igualmente se ufanó de que dicho estrato laboral había bajado a un 21%, en estos doce años, es decir, que se busca que el trabajador venezolano supere el estatus del salario mínimo y pase a un nivel superior de salario, como podemos interpretar estas medidas, de manera que no suenen contradictorias. Cosa, sobre todo, que es imposible de hacer después de haber oído las contradicciones y confusiones en que incurrieron los miembros del Gabinete económico social, y de las que el propio Chávez se dio cuenta en plana transmisión televisiva. No es cierto, por lo tanto, que tan solo la quinta parte de la clase trabajadora venezolana devengue un salario mínimo, como tampoco lo es que haya doce millones de trabajadores formales en el país y que los trabajadores del sector privado con salario mínimo apenas lleguen al millón como dijo la ministra del Trabajo. Los números dados se caen por sí solos, mientras la realidad habla crudamente.
Mientras esto ocurre, Chávez se asegura de reformar por decreto, en un año preelectoral, la Ley de Contribución Especial sobre Precios Extraordinarios del Mercado Internacional de Hidrocarburos, aprobada en abril de 2008 por la Asamblea Nacional (AN), y que le permitirá subir a 90% la actual alícuota aplicable a los ingresos adicionales por altos precios petroleros, consecuencia de la crisis política que sacude a varios países árabes, para gastarlos a través del Fonden, y no precisamente en mejorar las condiciones de vida de los trabajadores venezolanos.
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