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La herencia recibida

La herencia recibida

Después de las tensiones provocadas por los cuatro enfrentamientos entre el Real Madrid y el Barça (Liga, Copa del Rey y dos encuentros de semifinales de la Champions), habían surgido algunas voces advirtiendo de lo difícil que sería que, a partir de ahora, los futbolistas de ambos clubs que suelen formar parte de la selección nacional… se llevasen bien. Menos mal que, en España, tenemos a Vicente del Bosque al frente de la selección campeona del mundo, y decir Vicente del Bosque es referirse a una garantía de la cordura, del sentido común, de la convivencia y de la cordialidad. Es decir: a todo lo contrario del dramatismo y de las trompetas del Apocalipsis. Ayer, en el programa de Albert Castillón, aquí, en “Punto Radio”, Del Bosque dio una ejemplar lección de sentido común y de inteligencia, apostando porque la unión entre los mejores futbolistas de España no se rompa, pese a que en el campo, en los diversos campeonatos, sean rivales, y rivales a tumba abierta… El “míster” salmantino, que hace unas semanas recogía el “micrófono de oro” en Ponferrada ante el entusiasmo y los aplausos de cuantos participaron en aquel acto inolvidable, es un cristiano viejo, un castellano forjado junto a la ciudad del Tormes, y sabe bien que a la vida se viene a sumar, no a restar; a multiplicar, no a dividir; a hacer amigos y no a sembrar enemistades. Qué distinta sería una España habitada por 45 millones de personas con la misma condición noble y entrañable de Vicente del Bosque. Una condición que nada tiene que ver con la tibieza o la blandenguería, sino con apostar por sacar lo mejor de uno mismo y de los demás. Y, claro, así, con ese talante y esa voluntad, se ganan campeonatos del Mundo en Sudáfrica o en el Polo Norte. Dicen los cursis del balompié que Vicente del Bosque no tiene el “glamour” de Mourinho o de Guardiola, y que el planeta del fútbol es hoy una pasarela selectiva para gentes con “carisma”.  Qué tonterías hay que oír, señores míos, cuando Vicente del Bosque ya no tiene nada que demostrar, y sí mucho que enseñar, tal como hizo ayer ante los micrófonos de “Punto Radio”, con Albert Castillón. Y nos quedamos con cuatro palabras de Del Bosque que, en plena marejada entre “merengues” y “culés” y en el nerviosismo del final de la Liga, había que grabar a la puerta de todos los estadios: “convivencia, cordialidad, inteligencia y esfuerzo”. Qué grande es Vicente del Bosque.
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