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¿Otra forma de eliminar a Bin Laden es posible?

¿Otra forma de eliminar a Bin Laden es posible?

Por ese tiro ha entrado en la cabeza del siniestro mister Bin toda la rabia, todo el odio y toda la venganza de un país entero; pero también todo el derecho a la legítima defensa, todo el razonable despliegue de la fuerza por parte de miles y miles de víctimas, de naciones enteras y especialmente de los Estados Unidos, en batalla permanente contra el terrorismo yihadista. Es una guerra legítima y legal según Naciones Unidas desde el 11-S en las torres gemelas, pero también desde las masacres de Londres, de Madrid en el 11-M, de Bali, de Estambul… Sonaba bien el valiente discurso de Gaspar Llamazares esta mañana en el Congreso de los Diputados por muy extremista que parezca, tras la casi unanimidad mundial en aceptar y aplaudir el tiro de gracia en la cabeza de Bin Laden, ese “Gerónimo E-KIA” (enemy killed in action) pronunciado como una contraseña de victoria, en la sala de guerra de la Casa Blanca. Casi al 100 por 100 puede tener  razón el diputado de Izquierda Unida al dar por hecho que se ha tratado de un asesinato premeditado de un terrorista (él lo ha llamado extrajudicial), en el que se ha violado la integridad territorial de un país, en el que se han destruido pruebas y en el que se ha podido practicar algún tipo de escarnio con el cadáver del  terrorista.   Sonaba bien. Pero llevaba el mundo occidental 10 años manteniendo como prioritario el derecho a la integridad física del terrorista más buscado de la historia. Una década sin traspasar con fuerza armada las fronteras de Pakistán, un país a medias aliado, a medias refugio de terroristas. Y por supuesto que a nadie se le ocurría ni destruir pruebas si apareciesen ni, mucho menos, escarnecer un cuerpo sin vida, aunque fuera el de esa hiena asesina. Y  “Gerónimo” no caía. Seguramente otra manera de neutralizar a Bin Laden era posible. Pero no caía “Gerónimo”. Y estamos ante uno de esos momentos de la historia en la que lo que menos suele contar es la justicia y el derecho. Lo que cuenta es que se abre una era distinta en la batalla permanente entre los seres humanos que quieren vivir en paz y las alimañas humanas que solo encuentran el crimen y la masacre para imponernos  la manera en la que quieren que vivamos. Y en esta era post Bin Laden los profesionales de la matanza de niños, de hombres y de mujeres inocentes tienen un líder menos, una mente privilegiada menos para seguir  guiándoles por su senda de iluminada destrucción. Por eso nos viene bien ese tiro en la cabeza, por mucho escrúpulo democrático y de derechos humanos que nos entre.   Pero a mí me gustaría que el discurso de Gaspar  Llamazares no se olvide. Sus ideas y los principios que mantienen otros muchos como él no han valido, hasta ahora, lamentablemente para quitar de enmedio a muchos de los terroristas más sanguinarios de la historia. Pero necesitamos para acabar con nuestro cinismo culpable. Es preciso que el respeto escrupuloso a los derechos humanos y a la legalidad internacional sea más eficaz en la lucha antiterrorista internacional.  Hagamos que otra forma de neutralizar a los Bin Laden que quedan sea posible. Que estas bestias den cuenta de sus salvajadas ante los tribunales, que cuenten todo lo que saben para que se eviten más crímenes y que paguen por ello en las cárceles de las naciones civilizadas hasta que se extingan para siempre jamás. Mientras tanto nos quedaremos con una cierto alivio culpable, con un regusto amargo aunque complaciente: ese cadáver arrojado al mar no deja de parecernos un daños colateral más en una guerra que es legítima y justa… - Lea también: Obama se niega a publicar las imágenes de Osama Bin Laden Una hija de Bin Laden da una versión más 'sangrienta' de los hechos Obama, más popular... pero marcado por la tortura
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