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Bin Laden, dead or… dead (y 2)

Bin Laden, dead or… dead (y 2)

 Ayer publiqué una columna en la que defendía la decisión del presidente Obama de ejecutar a Bin Laden. Es una de mis columnas más contestadas, a favor, en contra y hasta mediopensionistas. Uno de mis mejores amigos y corresponsal de larga experiencia en los países árabes, Kim Amor, me recuerda que hasta los nazis tuvieron un Nüremberg en el que se les juzgó. Y tiene razón, aunque yo sigo lleno de dudas. Entre 1993 y 2005 Al Qaeda cometió 28 atentados que alcanzaron la cifra de 4.363 muertos y más de 75.000 heridos. Casi 4.000 de esos muertos tenían nacionalidad estadounidense. ¿Qué es la guerra hoy en día? Ya no podemos hablar de soldados vestidos de verde contra soldados vestidos de caqui. Hoy día un muyahidin español que decidiera inmolarse en una discoteca de Benidorm cualquier 15 de agosto o simplemente hacerse estallar en la sala Velázquez de El Prado, causaría decenas, acaso centenas de muertos en nombre de Allahu Akbar, de Al Qaeda o del mismo Bin Laden. ¿Sería el acto de un loco o una acción de guerra? ¿Podían los SEALS haber detenido a Bin Laden la madrugada del lunes pasado? Indubitablemente sí, pero la decisión no era de su potestad, sino de Obama. Yo, sin sus datos y siendo un defensor sin cortapisas –hasta este caso y espero que no sirva de precedente en mi pensamiento- del estado de derecho y del imperio de la ley, habría tenido que resolver mil dilemas. Me gustaría creer que en su situación habría decidido capturarle vivo y llevarle ante la justicia. Sin embargo, sé que habría sido un error. Es fácil decir que lo habría detenido. Fácil y barato en términos de opinión periodística. Pero sentado en la silla curul y en el momento en que el jefe SEAL exige mi orden como comandante en jefe, en el instante en que hay que valorar el porcentaje de probabilidades de que escape, ¿qué habría hecho? Sé que habría decidido lo mismo que Obama (seguro que hay alguna fórmula literaria para salvar el culo en estas ocasiones, pero no la voy a buscar). ¿Qué hacer en una guerra tan extraña como la que llevamos contra el terrorismo islámico? ¿De cuántos atentados exigiendo su liberación nos hemos librado, cuántos muertos inocentes habrían caído sobre la portada del libro de los derechos humanos si se le hubiera detenido? Defiendo una decisión difícil y solo digo que, en este caso de Bin Laden que me está revolviendo el alma, yo habría hecho igual que el presidente gringo. Creo que matar a este hombre es una mala acción moralmente, pero creo -no, no es una creencia, es más que eso, es casi una pre-cognición- que la “buena acción” de apresarlo, llevarlo ante la justicia y ejecutarlo después de un juicio civil y otro militar en USA habría traído al mundo una quiebra social con ramificaciones imposibles de predecir: racismo duro en Europa, ascenso de la ultraderecha en los parlamentos, atentados de extremistas islámicos por todo occidente, suspensión del área Schengen. Prefiero haber perdido esta batalla contra los derechos humanos que las de tener Parlamentos llenos de “Auténticos Finlandeses” y una Europa sin Schengen. 4.363 asesinados por Al Qaeda entre 1993 y 2005. ¿Cuántos muertos neutralizan una decisión? ¿Y un principio moral, de mores, costumbres? ¿Ya no rige el O tempora, o mores de la segunda catilinaria? ¿Quién asume las vidas perdidas en los atentados que se estarían produciendo en este preciso instante exigiendo su libertad si en lugar de muerto estuviera preso? ¿Cómo entenderíamos que una bomba se llevara por delante al Papa y a 300 peregrinos en su reunión de los jueves en la plaza del Vaticano solo porque Osama estuviera preso y los muyahidines exigieran su inmediata liberación? ¿Quién asume la quiebra social que supone enfrentar musulmanes contra no musulmanes? No hablo de árabes contra europeos o yanquis, hablo de europeos musulmanes contra europeos no musulmanes, de yanquis musulmanes contra yanquis no musulmanes. ¿Cuántas vidas vale una decisión, cuánta tinta, cuántas vestiduras desgarradas en nombre de la moral? Si el estado de derecho impide la defensa de los ciudadanos a quienes por mandato gubernativo debo proteger, ¿qué es el estado de derecho? ¿Cómo se define hoy una guerra? ¿Y sus reglas? ¿Y quién decide qué reglas son aceptables y cuáles no? - Lea también: Todo sobre el final de Bin Laden
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