Pésima presentación del encierro elegido por el de la Puebla
Morante: con él llegó el escándalo... y el medio toro
>>Repaso del mexicano Saldívar a los gachupines Morante y Talavante
domingo 15 de mayo de 2011, 22:20h
Actualizado: 17 de mayo de 2011, 09:27h
Era una película, pero ahora es una realidad. Porque 'con él llegó el escándalo' define a la perfección lo acontecido en el ruedo venteño, para más inri, el día de San Isidro. Llegaron las figuras y se acabó el toro/toro, sustituido por el medio toro/medio toro de Núñez del Cuvillo. En este caso por culpa del esperadísimo Morante de la Puebla, que decepcionó, aunque la empresa, que apodera a Talavante, también es como mínimo cómplice. Del naufragio de novillos -perdón, cuvillos, ¿en qué estaría yo pensando?- se salvó un entregado Arturo Saldívar, que confirmó alternativa -en las fotos saludando y recibiendo los trastos del de La Puebla- con dignidad y arrestos.
Toros de NÚÑEZ DEL CUVILLO, sin trapío y feos de hechuras, con 2º, 3º y 4º muy chicos. Descastados y flojos. MORANTE DE LA PUEBLA: pitos tras aviso; silencio. ALEJANDRO TALAVANTE: silencio; silencio. ARTURO SALDÍVAR: gran ovación tras petición; ovación. Plaza de Las Ventas, 15 de mayo. Lleno con cartel de 'no hay billetes'.
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La novillada es este lunes. Uno, llegado de la pradera de San Isidro tras las obligatorias gallinejas y entresijos, regadas con sangría, empezó a dudar si había abusado de esta última o si el cartel que anunciaba corrida de toros el domingo y novillada el lunes se equivocaba y era al revés. Mas no. Era otra película. Ya muy vista y que reponen año tras años los taurinos que manejan -léase manipulan- la Fiesta. No sabemos ya si trágica, cómica o surrealista como la genial de albaceteño José Luis Cuerda 'Amanece, que no es poco'.
En la Fiesta, nos queda Madrid, que no es mucho. Pero no siempre, no. El caso es que hubo programa doble. Porque junto a una que reflejara la tomadura de pelo en Las Ventas, cuyo título dejo a la elección de cualquier lector con mala uva -léase, informado de los desafueros de tanto individuo sin vergüenza profesional ni de la otra-, programaron la ya citada, y también genial de Vicente Minnelli. Sí, la del escándalo con él. Y ¿quién es él? Pues, en este caso, Morante de la Puebla, el coletudo del arte a borbotones, del cante hondo, que tantas veces ha cascabeleado en Madrid.
Mas también su apoderado, el otrora admiradísimo por esta sacrosanta afición venteña Curro Vázquez y actualmente impresentable -por no buscarse uno alguna querella con otras palabras más definitorias- que escogió en el campo lo más chico y tullido -e indigno de la primera plaza del mundo- que tenía la factoría Cuvillo, ganadero también cómplice, como los veterinarios por aprobarlay el presidente, éste por no devolver a corrales aquella bazofias febles-.
Interminables trapazos
De modo que esta pasarela de bureles o lo que fuera aquello sin presencia, fuerza ni casta fue el denominador común del festejo, en el que también Alejandro Talavante y su apoderado, que es el empresario del coso, tiene su complicidad. Encima, este coletudo se puso pesadísimo con dos faenas interminables de trapazos interminables. Mientras que un Morante espeso y vulgar sólo alboreó dos verónicas 'sui géneris' ante los dos cadáveres semovientes de su lote, y hay que agradecerle que no alargara el simulacro.
De modo que el mexicano Arturo Saldívar, a base de exponer y arrojar la carta del valor a tope; de echarle la emoción de la que carecían sus toros -o lo que fueran aquéllos-, les pegó un repaso a los dos gachupines. Lo demostró en el de la ceremonia, cuya faena inició en el platillo de rodillas y al que extrajo buenas series por ambos pitones, y lo rubricó en el último hasta que el bicho se rajó.
A ello hay que añadir la variedad de su capote siempre con los pitones rozándole los alamares, como ocurrió con la flámula. De haber tenido más importancia los toros -o lo que fueran- habría cortado alguna oreja, pero al igual que Fandiño, el mexicano pide paso con su verdad en una Fiesta cada día más de mentira y con más mentirosos. ¡Ah!, y una postrera observación: la novillada es este lunes.