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Me quedo con las acampadas

Es más que posible que alguno de los universitarios de la acampada de la Puerta del  Sol o de la Plaza de Cataluña se convierta dentro de unos años en alto funcionario del FMI y postule la ortodoxa política económica que hasta ahora defendía Dominique Strauss-Kahn. Sin duda que algunos de los chavales que la otra noche se protegían de la lluvia bajo los plásticos instalados a los pies de la estatua de Carlos III se acabarán convirtiendo en tan brillantes hombres de negocios como lo fueron algunos líderes del mayo del 68. Aquellos de los que hablaba el escritor y filósofo de izquierdas francés Regis Debray: “los revolucionarios de 1968 son en la actualidad los hombres de negocios que la burguesía necesitaba”. El tiempo actúa con cierta crueldad y tiende a aplacar todas las calenturas juveniles. Pero ojalá que la movida de los indignados de este mayo del 2011 le coja algún aire a aquella revuelta de hace 43 años y sirva, como entonces, de aldabonazo en tantas conciencias democráticas adormecidas y acomodadas. Vale con eso. El valor de la movida de la puerta de Sol, Plaza Cataluña y demás plazas de España está simplemente en que se ha producido: miles y miles de personas hacen su contracampaña electoral en la calle. No intentan que dejemos de votar o que votemos a alguien en concreto. Tampoco dan soluciones a los problemas. Simplemente piden a gritos otra forma de hacer política, más pegada al ciudadano, más cerca de sus preocupaciones; exigen a sus representantes políticos que se centren en resolver sus problemas no en sus peleas por quitarse el poder entre ellos. Y  es que puestos a reflexionar para ir a votar, que es lo que establece la ley antes del 22M, me resultan más sugerente mensajes como “el mismo que sonríe en la foto no busca tu opinión, solo tu voto” , “mucho chorizo y poco pan”, “no somos antisistemas, somos cambia sistemas” pegados en los cristales de la visera “tragabolas” de la estación de metro de la Puerta del Sol que el bronco cruce de acusaciones entre los dirigentes de los partidos políticos para conseguir un voto: “!Mienten como bellacos!” (José Luis Rodríguez Zapatero); “El problema de ZP es que no tuvo el cariño de su abuelo “(Francisco Camps); “Strauss-Kahn es el símbolo del cinismo de los socialistas que mandan a 5 millones de personas al paro mientras ellos van a los hoteles de lujo más caros del mundo” (Esperanza Aguirre) o “no hay cosa más tonta que un obrero de derechas” (Juan Barranco). Prefiero ese trasiego organizativo como de colegio mayor de los acampados, su distribución de comidas, la organización de las comisiones de trabajo, sus sentadas asamblearias, que esos superorganizados y carísimos shows de los líderes en polideportivos y plazas de toros en espectáculos de luz y sonido, despliegue de cámaras de televisión, confetis y sonrientes saludos haciendo la uve de la victoria mientras rompen los tímpanos los estridentes decibelios del  “ta-chin-tachin-ta-chin-ta-ta chan…” o el “tariiiii-tararí-tarí-tarí-tarí-tarí…” Me convence mucho más el intento de los portavoces de la movida por articular una explicación de su postura o un discurso que suene sincero que las visitas a los mercados, los besos y los pescozonzillos cariñosos a los niños, o los generosos desayunos en los centros de la tercera edad de muchos candidatos que durante la mayor parte de su mandato huyen de cualquier ruido ciudadano y solo pisan la calle para bajar del coche oficial y dirigirse al despacho, al hotel donde pronuncian una conferencia o presiden un acto o a la residencia de vacaciones. Son dos campañas paralelas. En una, carísima, tradicional y aburrida te piden el voto dando caña al adversario político y se supone que ofrecerán soluciones a algún problema. En la otra, movida por las redes sociales pero realizada en las tradicionales sentadas, te recuerdan los problemas reales que vive la gente y te aseguran que se sienten fuera de la fiesta electoral porque los partidos políticos se han olvidado hasta ahora de ellos. Hay que votar pero sin olvidarse de Sol, Plaza de Cataluña y de tantas y tantas acampadas de indignados en las plazas de España. Sería un principio para regenerar el sistema democrático… - Lea también: Rubalcaba, inesperado protagonista de la recta final de las elecciones: ¿permitirá las concentraciones? Éstas son las propuestas que ahora lanza 'Democracia Real Ya' El contagio triunfa: Francia, Italia, Reino Unido y Portugal se mueven
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