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Revuelas árabes: un tercer dictador caído

Revuelas árabes: un tercer dictador caído

lunes 06 de junio de 2011, 10:38h
Actualizado: 07 de junio de 2011, 19:13h
Con la partida hacia un hospital saudí del  presidente AliAbdullahSaleh de Yemen, para curarse de las heridas recibidas en el último ataque tribal contra su residencia, son ya tres los dictadores árabes que han tenido que abandonar el poder en lo que va de año. Aunque Saleh ha dicho que regresará cuando se cure, su Vicepresidente AbedRabboMansurHadi asumió el poder y comenzó a negociar el futuro inmediato con los jóvenes de la primavera yemení  y los militares rebeldes, así como con las tribus. Las heridas de Saleh puede que sean una fórmula de relevo incruenta que satisface a todos. A Saleh y sus partidarios porque no han dado su brazo  torcer y no han renunciado formalmente a la presidencia; a la oposición yemení porque van a poder negociar reformas democráticas; al régimen de Saleh porque conservará la discrecionalidad sobre el alcance y contenido de loscambios; a Arabia Saudí , tan reticente a los relevos en la estructura del poder que pueda resultar contagiosa, porque Saleh quedará bajo su protección.  La experiencia sugiere que los viajes de los dictadores son solo de ida,  pero si reciben protección como los depuestos, Ben Ali yAbdullahSaleh, el destino de estos puede ser mejor y no parecer juna traición de sus antiguos amigos.  Solo Mubarak ha quedado fuera de esa protección saudí, aunque logra eludir comparecer ante la justicia como pide el colectivo de grupos de las manifestaciones que simbólicamente conocemos como de la Plaza At-Tahrir de El Cairo, agrupados en el movimiento  de la Revolución del 25 de Febrero. El juicio a Mubarak, que en teoría podría ser condenado a la pena de muerte si se demostrase que dio la orden de disparar contra los manifestantes, ha sido pospuesto al  8 de agosto por el juez militar porque cada vez que le convocaba el grupo de médicos que le atiende en Sharm el Cheikh  decía que su estado de salud no le permite ser trasladado a El Cairo para ser juzgado. Las amenazas de Arabia Saudí de retirar sus inversiones y ayudas a Egipto si el amigo Mubarak era juzgado puede que tengan algo que ver en ello, así como la posibilidad de que tome represalias y expulse a los más de cinco millones de trabajadores egipcios que laboran en países del Golfo. Existe un antecedente en la expulsión de los trabajadores palestinos cuando el fallecido Yasser Arafat, presidente de la OLP palestina, cometió el error de solidarizarse con Saddam Hussein cuando invadió Irak en agosto de 1990. Al estado de salud de Mubarak puede que tampoco sea ajena la decisión de varios príncipes sauditas de hacerse cargo de todos los gastos médicos de Mubarak, lo que tal vez garantice que la salud del ex presidenteno le va a permitir nunca asistir a su juicio. Egipto ha comenzado a conocer otro tipo de problemas típicos de una revolución a medias. Mientras juzga y condena por corruptos a los dignatarios del  entorno de Mubarak, las compañías extranjeras que hicieron negocios con ellos han recurrido casi todas al arbitraje del Centro Internacional para la Solución de Conflictos. Por ejemplo, aunque los responsables egipcios de la firma del contrato de gas con Israel han sido juzgados y condenados, los propietarios e inversionistas de las firmas EGI y EMG decidieron recurrir al arbitraje internacional sobre un contrato que consideran legal y piden que se reanuden los suministros de gas a Israel.  Recursos similares intentan algunas grandes promotoras inmobiliarias que adquirieron terrenos en regiones turísticas como Marsa Matruh o Asuán, para construir complejos hoteleros o residenciales, porque consideran  que ellas firmaron contratos legales. Más significativas sin embargo son las demandas judiciales que han decidido interponer numerosos antiguos dignatarios del  desmantelado  partido Nacional Demócrata de Hosni Mubarak que entienden que la prohibición que se les impone de no poder ser candidatos en las próximas elecciones a la presidencia o a la diputación, vulnera sus derechos políticos y civiles. Afirman que no todos en el partido eran corruptos, que ellos no han sido imputados y por lo tanto no juzgados por corrupción, y que esas decisiones contra ellos son ilegales. Mientras tanto las manifestaciones en Marruecos, Jordania y Argelia, o las guerras civiles como en Libia o Siria, continúan y se propagan más allá de las fronteras árabes con una permanencia y una decisión hasta ahora sin más precedente que el levantamiento de los pueblos colonizados de los años cincuenta y sesenta. Mientras que en los tres primeros países citados Occidente apoya a los gobiernos y les anima a llevar a cabo reformas consensuadas, en Libia y en Siria el triunfo de la revolución y de los cambios depende de la intervención militar de la OTAN en el primer caso o del poder disuasorio de las sanciones internacionales en el segundo. ________________________________________________________________ * Domingo del Pino es especialista en el mundo árabe, ex delegado de la Agencia EFE en Marruecos, ex corresponsal de El País para el Norte de Africa, fue miembro de la Euro Med and the Media Task Force de la Comisión Europea y, actualmente, es miembro del consejo editorial de la revista bilingüe Afkar/ideas; colaborador de Política Exterior y Economía Exterior; de la Revista Española de Defensa; y director del Aula de Cooperación Internacional de la Fundación Andaluza de Prensa.
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