La fábula es conmovedora, la dirección contenida y precisa y la interpretación sencillamente memorable. Los artífices de que esta joyita cale hasta lo más profundo del alma de los espectadores son Delphine de Vigan, autora de la novela que da pie a este montaje, Juan Carlos Fisher, director y Gloria Muñoz, Macarena Sanz y Rómulo Assereto, los intérpretes. Hablamos de ‘Las gratitudes’, una pieza que permanecerá en el Teatro de La Abadía sólo hasta el próximo 10 de mayo.
Sería injusto no ponderar también tanto la traducción de Pablo Martín Sánchez como la adaptación a las tablas de Marta Betoldi para redondear el resultado final del montaje.
Sobre el escenario sólo tres personajes: Michka (fascinante, gloriosa Gloria Muñoz, en una de sus mejores interpretaciones), una anciana que ha dedicado su vida a la edición de textos y que ahora tiene que lidiar desde la residencia en la que está internada con una afasia galopante y de la que es más que consciente. María (deliciosa, tierna, grande Macarena Sanz), la joven vecina de Michka, a quién ésta ha cuidado tantas veces cuando era una niña y que ahora —la vida es así—, han intercambiado los papeles y es la joven quién se preocupa profundamente de la mujer mayor asediada también por los mareos, la desorientación y una lucha a brazo partido para intentar recuperar las palabras y la memoria. Y, por último, Jerónimo (soberbio también Rómulo Assereto), el logopeda que visita a Michka dos o tres veces por semana y que, poco a poco, crea una hermosa, intensa e inmensamente humana relación con la anciana, que va mucho más allá de una mera relación profesional.
De esa relación entre logopeda y anciana, surge la necesidad de Jerónimo en la búsqueda de la familia que acogió a Michka cuando apenas era una niña y sus padres se vieron obligados a abandonarla, en plena irrupción del nazismo, para intentar salvarle la vida, mientras ellos pagaban con la propia en un campo de concentración el imperdonable delito de ser judíos. Una relación también tremendamente íntima entre la anciana y María, que sufre en carne propia la imposibilidad de poder cuidad personalmente a Michka, una verdadera madre para ella.
Juan Sebastián Domínguez firma el vestuario de los personajes y la ecléctica escenografía, una habitación estándar de una residencia de mayores, con un gran ventanal, siempre con las contraventanas cerradas que potencia la sensación personal de la protagonista de estar encerrada en esa lucha tragicómica con las palabras que no vienen, o que vienen alteradas (fascinante, magistral la decrepitud que Gloria Muñoz marca en su gesto y en su cuerpo a medida que crece su incapacidad…). Y la delicada iluminación que Ion Aníbal López pone al servicio de la historia que se cuenta.
El Amor (con mayúsculas), la empatía, la memoria y esa íntima necesidad de exteriorizar con palabras la inmensa gratitud que las buenas personas (afortunadamente la inmensa mayoría), tienen necesidad de expresar antes de que sea demasiado tarde, llenan de humanidad, de estremecimiento y de emoción los noventa minutos de función que, desgraciadamente, solo unos pocos podrán ver en esta ocasión y en La Abadía porque las entradas están ya totalmente agotadas. Con todo, estoy absolutamente seguro de que habrá reposición porque la obra y el éxito que está cosechando entre crítica y público la hacen acreedora de ello.
Ficha técnica de la obra 'Las gratitudes'
Texto original: Delphine de Vigan
Dirección: Juan Carlos Fisher
Reparto: Gloria Muñoz, Macarena Sanz y Rómulo Assereto
Traducción: Pablo Martín Sánchez
Adaptación: Marta Betoldi
Escenografía y vestuario: Juan Sebastián Domínguez
Iluminación: Ion Aníbal López (AAIV)
Ayudante de dirección: Rómulo Assereto
Producción ejecutiva: Olvido Orovio
Producción: Producciones Teatrales Contemporáneas, Producciones ABU, Teatro Picadero, La Casa Roja y Milonga Producciones
Teatro de La Abadía, Madrid
Hasta el 10 de mayo de 2026