El valenciano y Serafín Marín salen a hombros
Barcelona: Lección y despedida de Enrique Ponce
lunes 18 de julio de 2011, 09:33h
Actualizado: 19 de julio de 2011, 10:02h
Entrada: media entrada. . Toros de Juan Pedro Domeq- Parladé: de pobre presencia. Flojos los dos primeros; rajados quinto y sexto; nobles tercero y cuarto.
Enrique Ponce: ovación con aviso, y dos orejas; Morante de la Puebla: silencio y bronca. Serafín Marín: dos orejas y gran ovación. Cuadrillas : se desmonteró Luis Carlos Aranda, tras parear con mérito al sexto.
Hubo menos afluencia de público, por debajo del domingo anterior, a pesar del gran peso del cartel. Y de que no viniera Cayetano, sustituido por el catalán Serafín Marín, que ya había salido a hombros en su anterior tarde.
Enrique Ponce vino con la mentalidad de matar su última corrida en Barcelona, y no escatimó méritos ni esfuerzo. Poco pudo hacer en su primero, dada la endeblez del animal, salvo torearlo a media altura, y con su característico sentido estético. Sin embargo, se desquitó en el cuarto: dio un curso de mando, temple y torería. Tras doblarse por bajo, toreó sabiamente una res a la que le faltaba algo de recorrido. Por el izquierdo se le quedaba corto. Tras un grito destemplado de un espectador, Ponce se renrabietó, se metió entre los pitones del toro citándolo de frente, cargando la suerte y cruzándose . Le arrancó uno a uno los naturales, recreándose en los pases de pecho. Y no faltó su particular “poncina”, en un final de faena donde demostró dominar al ejemplar de Juan Pedro. Fue emocionante su vuelta al ruedo con las dos orejas, y cuando cogió una porción de arena, besándola y derramándola sobre el ruedo barcelonés.
A Morante de la Puebla le correspondió el peor lote. Sin embargo, pudimos apreciar su duende y embrujo con que nos deleitó en las verónicas a sus dos toros. Y en un particularísimo y artístico quite por chicuelitas en su segundo. Anotar en su primero apuntes toreros, como un trincherazo de cartel, y un molinete. Fue molestado por el viento y el toro apenas tenía recorrido, hasta que optó finalmente por aliñar y matarlo. Parecía prometer su inicio de faena por estatuarios al quinto de la tarde, y los primeros naturales llevando suavemente al toro. Pero éste se rajó, preso de su mansedumbre, yéndose hacia terrenos de chiqueros. Allí fueron baldíos los esfuerzos del de la Puebla, ante un animal que se fue apagando. Luego erró repetídamente con el estoque. Aún así, el aficionado le ovacionó.
Serafín Marín veroniqueó bajando las manos y ganando terreno al tercero de la tarde. Abrió la faena con estatuarios hundiendo el mentón. Lo llevó muy templado con la diestra, rematando con sólidos pases de pecho. Toreó lento y despacio a un toro que fue acortando su recorrido. Fue entonces cuando el diestro de Montcada se echó la muleta a la izquierda, y metido en terrenos de cercanías, consiguió naturales muy logrados. Ya en plenos terrenos del toro acabó su labor con circulares , recetando una buena estocada que fue seguida del premio- quizá excesivo- de las dos orejas. Le correspondió en último lugar un toro que, más que embestir topaba, por eso tuvo que ponerlo todo Serafín obligándole por abajo, para que humillara. Se justificó plénamente, arrancandole literalmente los pases y jugándose un susto.