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Cinco pares de ojos

Cinco pares de ojos

"La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida", que decía la vieja 'salsa' de Ruben Blades que entre nosotros popularizó, allá por finales de los años setenta, la Orquesta Platería. Y viene a cuento rememorar la canción por lo que relato en los párrafos siguientes. Este miércoles 3 de agosto, sobre las tres y media de la tarde, en el vértice que une la calle de Pelai y la Ronda Universitat en Barcelona, en una fuente adornada con un angelote al que algunos incívicos habían pintado la cara -creo que de rosa- hace algún tiempo, una mujer levantaba el velo que le cubría la boca para poder beber agua. La prenda que llevaba era, evidentemente, del corte burka o niqab. Justo en ese momento ha pensado: "pero ¿hasta cuándo vamos a permitir estas costumbres tan alejadas del 'modus vivendi' occidental, que son un claro significado de sumisión de la mujer?". Porque, hasta ahora, parecía que se hablaba mucho del tema, pero nadie le metía mano. Y, vaya, horas después, me entero que la Generalitat sí va a hacerlo. De lo cual debemos felicitarnos todos. Y de ahí la evocación al tema del salsero panameño de que hablaba al principio. Porque la cuestión está en que, en relación a esta realidad, se ha llegado a decir que, en el fondo, carecía de una importancia contrastada porque, aunque se pudieran dar casos, estos eran prácticamente inexistentes: pura anécdota, casi. Por mi parte, y aun defendiendo la necesidad de legislar cualquier fenómeno más allá de su incidencia, hasta hace poco tiempo tampoco podía dejar de pensar que la casuística invocada era cierta. Verdaderamente, nunca me había topado con ninguna cárcel facial con liberación ocular. Casi pensaba que la posibilidad que tal circunstancia se diera en nuestras calles se acercaba a la leyenda urbana. Pero, hete aquí que, en un breve período de tiempo -no lo he calculado, pero diría que no supera los tres meses-, aseguraría haber visto (con la más reciente) cinco mujeres con el rostro secuestrado. Las otras dos que recuerdo son en el cruce entre las calles Girona y Aragó y en la parada de Metro de Balmes-Rosselló. Y aún diría que otro par más: de ahí los cinco pares de ojos. Claro, uno no es experto en estadística, pero si cruzamos variables es evidente, a bote pronto, que el hecho de que un solo individuo haya tenido cinco impactos sobre el mismo tema significa que éste tiene más importancia de la que algunos le han querido dar (por ejemplo, otro tanto en el mismo sentido -y lo pongo como ejemplificación, aunque tal vez no venga a cuento-, es la certificación del incivismo del ciclismo urbano: que viene demostrado también por el cruce de estadísticas: es difícil encontrar a nadie que no se haya sentido agredido por el fenómeno). Es decir, y con ello acabo, que ya no se trata de si hay que legislar contra la esclavización que se intuye en aquel tipo de vestimenta que significa sumisión (que está claro que sí) sino que lo primero que hay que evitar es escudarse y excusarse en que los casos en cuestión son aislados. Porque esto sí que, verdaderamente, es mentira. El burka y el niqab, bajo control en Cataluña
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