¿Quién debería apagar el fuego?
martes 06 de septiembre de 2011, 20:26h
Hace un año, en los debates en España sobre la autonomía territorial que exigía Barcelona, los periodistas Ferrán Sáenz y Enric Juliana dialogaron en el diario La Vanguardia sobre la responsabilidad de la prensa en momentos de tensión política y social.
En el Ecuador de hoy se impone pensar y repensar sobre aquella responsabilidad.
Los niveles de intolerancia han llegado a tal punto que casi no es posible encontrar un ciudadano, peor un periodista, ubicado en el punto de equilibrio.
En las páginas web de los medios aparecen todos los días comentarios violentos, denigrantes y agresivos, muchos de ellos ocultos tras seudónimos o nombres y apellidos cuya veracidad es imposible de comprobar.
Podríamos colegir que los comentarios son respuestas dirigidas desde alguna oficina para contrarrestar los contenidos de una columna, una noticia o una entrevista consideradas duras contra el poder político.
Pero también es posible interpretar que desde el otro lado son pocos los esfuerzos por manejar lenguajes sobrios, serenos y sensatos al ejercer el derecho a la crítica, a la rendición de cuentas y a la libertad de expresión.
¿Tiene sentido, en este momento, buscar el origen de la violencia verbal y la imposibilidad de diálogo entre distintas tendencias ideológicas y entre el poder político y la prensa?
Quizás ya es tarde, porque los ecuatorianos asistimos a un pugilato cuya agresividad, en algunos casos, no parece tener límites.
Parafraseando a Sáenz y Juliana, en el Ecuador va imponiéndose el discurso político agrio, ofensivo y altisonante.
Se trata de un discurso “que entiende la palabra como un resorte para provocar adhesiones inquebrantables, casi marciales, o rechazos tajantes y absolutos”.
Ese discurso ideológico -dicen Sáenz y Juliana- “vende bien y ha terminado normalizándose”.
Pero los dos periodistas comparan ese discurso con otro similar, el del periodismo igualmente “agrio, ofensivo y altisonante”.
En el Ecuador, en medio de esa batalla, ¿no será hora de preguntar quién debería apagar el fuego antes de que la hoguera deje en escombros la sociedad?
El discurso político moderado ya no existe y es previsible que los ataques vayan endureciéndose mucho más.
Pero sí es posible, según Sáenz y Juliana, hacer “un periodismo que busque modulación y matiz”.
El primer tipo de discurso puede confrontarse con un tono similar: agresión contra agresión.
El segundo, mucho más difícil de elaborar, requiere un proceso previo de reflexión y una capacidad argumentativa que impida la respuesta violenta y obligue a pensar, no a responder visceral ni groseramente.
“No nos engañemos -dicen Sáez y Juliana-: hay discursos con la única intención de encender hogueras. Otros, responsablemente, se dedican a apagarlas”.