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En un ambiente de nostalgia

EE.UU. conmemoró décimo aniversario del 11-S

EE.UU. conmemoró décimo aniversario del 11-S

domingo 11 de septiembre de 2011, 20:10h
Actualizado: 12 de septiembre de 2011, 19:02h
Con la presencia del presidente Barack Obama y del ex presidente George W. Bush, los norteamericanos rememoraron los atentados del 11-S al cumplirse diez años de esos terribles momentos. Los seis momentos de silencio —uno por cada impacto y uno por el colapso de cada torre—, la lectura de 2.983 nombres y el repique de las campanas de la iglesias por los muertos tuvo un aire solemne, tal como se repite cada año desde el 2001.
El presidente Obama y el ex presidente George Bush pasearon en silencio en el primer encuentro para los dos en este lugar. El mandatario y su sucesor, con sus esposas, caminaron despacio, con semblante serio, ellos vestidos de azul, ellas completamente de negro. Se pararon delante de uno de los estanques del monumento conmemorativo para leer y tocar los nombres grabados. Sesenta gaiteros y tamborileros desfilaron entre los árboles y las nuevas cascadas. Se desplegó la bandera raída que hondeó hace diez años tras los ataques. Yo Yo Ma tocó Bach en chelo y Paul Simon interpretó 'El sonido del silencio'. Los políticos -entre ellos, el actual presidente y su predecesor, el actual alcalde de Nueva York y su predecesor- intervinieron con poesías, cartas y rezos, nada de discursos. Obama leyó el salmo 46, que casi parece una recreación del atentado y de las guerras de esta década: "Dios es nuestro amparo y fortaleza. Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida y se desplomen los montes en el corazón de la mar". El salmo tiene un mensaje desafiante para el enemigo: "El Señor está con nosotros". El alcalde, Michael Bloomberg, citó a 'Macbeth'. Y Bush, el más aplaudido, hizo una defensa de sus guerras. Leyó la carta de Abraham Lincoln en 1864 a una viuda que había perdido cinco hijos en la guerra civil, Lydia Bixby. Para consolarla, el presidente le decía que los sacrificados estarían en "el altar de la libertad". Sólo el vicepresidente Joe Biden dijo unas palabras algo más políticas de agradecimiento a la 'Generación del 11-S', los militares, los espías y los voluntarios que han luchado y muerto en los últimos diez años. "No los olvidaremos", dijo Biden, con la voz algo temblorosa. La letanía de nombres fue más larga de lo habitual. Más de 300 familiares de víctimas enunciando todos los grabados en los estanques, los nombres de quienes murieron en las Torres, en el Pentágono y en el descampado de Pensilvania, pero también de los seis asesinados en el atentado en el World Trade Center en 1993. Obama hizo después el tour de los otros lugares del 11-S. Voló a Pensilvania para depositar flores en las tumbas. Y volvió a Washington para recordar a los muertos del Pentágono. En Nueva York, el centro del recuerdo, miles de personas guardaban silencio, lloraban o cantaban 'mazing Grace' en un día casi tan azul como ese martes de hace diez años. Los familiares dejaban rosas blancas y notas encima de los nombres de los muertos, que acariciaban una y otra vez. Muchos siguen contando aquel día con todos los detalles. "Es duro, pero no quiero que se olvide", explica Desiree Bouchat, consultora y superviviente del 11-S. Su oficina estaba en el piso 101 de la Torre Sur y ella cogió el último ascensor que funcionó antes de que el avión, el segundo, se estampara contra su rascacielos. Tres veces al mes cuenta su historia a los turistas y curiosos que pagan 10 dólares por hacer el tour de la Zona Cero organizado por un grupo de afectados. Pero el escenario ha cambiado. Ya no merece la etiqueta de 'Zona Cero'. Y, de hecho, los periódicos americanos empiezan a referirse al lugar como "el sitio donde el World Trade Center fue destruido". La plaza está renovada. El rascacielos central ya se eleva 81 pisos mientras otros crecen alrededor. El parque conmemorativo se puede visitar. En el barrio vive el doble de población que en 2001 y los hoteles se han triplicado. El recuerdo del horror sólo se siente por el despliegue policial, especialmente amplio por la alerta terrorista de esta semana. El jueves, la policía pidió la colaboración ciudadana para detectar actividades sospechosas por un supuesto plan para hacer estallar coches en Nueva York y Washington. "Los servicios de inteligencia incluso filtraron datos de a quién buscaban: tres terroristas, dos de ellos nacionalizados americanos de origen egipcio y yemení. Dos (supuestamente) acababan de llegar a EEUU mientras el tercero podría haberse quedado en Europa. Pero el FBI reconoce ahora que no ha logrado identificar a los sospechosos y cada vez se decanta más por la posibilidad de que no existan.  
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