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Ahora, las listas negras

Ahora, las listas negras

Hace un par de semanas, “Clarín”, “La Nación” y “Perfil”, diarios de probada seriedad y legendaria mesura, exhibieron fotos de la suite del “Hotel George V”, de París, en donde se alojaría la Presidenta; también revelaron el precio de esa suite: 9.000 euros por día, y anticiparon que ese gasto sería “subvencionado por el Estado”. El Clan A (de Abatidos) se disponía a denunciar ese nuevo atropello gubernamental, pero la gerencia del “Hotel George V” les frustró el alegato: anunció que se trataba de una información falsa. Los diarios paladines del periodismo verdad debieron reconocer que habían publicado una mentira y el Clan A quedó aguardando una nueva oportunidad. “Siempre nos queda París”, repitieron y precisamente desde allí llegó otra vez la noticia. “New York Post”, un diario ajeno a la llamada prensa sensacionalista, informó que la Presidenta había aprovechado su paso por la Ciudad Luz para adquirir zapatos de la exclusiva marca Christian Louboutin, que a ella tanto le gustan. Los zapatos le habrían costado algo más cien mil dólares. “La Nación”, “Perfil”, “Clarín” y sus diarios y repetidoras de todo el país difundieron de inmediato esa revelación, que pocas horas después conocería el mundo entero. Se supo, además, que no fue la única compra. Según el sitio de noticias norteamericano “Hispanically Speaking News”, también había incorporado en su equipaje una buena cantidad de carteras Louis Vuitton, Hermès Birkin y Kelly. Es comprensible ya que, según “Perfil”, la Presidenta es “una apasionada por la moda”. El vocero presidencial desmintió esa información y, una vez más, “La Nación”, “Perfil”, “Clarín” y sus diarios y repetidoras de todo el país tuvieron que aceptar que se trataba de una noticia falsa. Al Clan A no le quedó otro remedio que aguardar momentos mejores. Su obstinada misión es revertir el 50,21% de las Primarias del 14 de agosto. Saben que deben obtener resultados cuanto antes: para las Nacionales apenas restan 28 días. Un juez en lo Penal Económico les abrió una nueva puerta: pidió la dirección y el teléfono de periodistas de diferentes medios, por si se viera en la necesidad de convocarlos en calidad de testigos en un causa por él tramitada. Nada más que eso, ya que los periodistas son libres de negarse a revelar sus fuentes de información. Sin embargo, para el Clan A se trataba de un indudable atentado a la libertad de prensa, por lo que celebró con bombos y platillos la exigencia del juez: habían fracasado con el hotel, con los zapatos y con las carteras de la Presidenta, pero ahora estaban ante un evidente atropello a la libertad de expresión. Con sus banderas otra vez en alto, deambularon por distintos medios. Se pudo oír la valerosa voz de una destacada periodista radial haciéndole un reportaje a una diputada no menos valerosa. Fue un goce escucharlas, parecían una copia de Thelma y Nancy, el sketch cómico que dos excelentes actores cordobeses brindan domingo a domingo en el programa de Víctor Hugo Morales. Se pudo oír y ver a un notorio miembro del Clan A recitando con voz lúgubre y tono dramático: “Empezamos con las consultoras, seguimos con los periodistas, pronto las personas que hablan en los programas de televisión o de radio serán también perseguidos”. Graciosamente, destrozaba los versos de Bertold Brecht. Un destrozo similar acometió una señora del mismo Clan, con voz monocorde y chillona, declamó: “Primero fueron las consultoras, ahora van por los periodistas”. La dama y el caballero, justo es decirlo, dejaron a los telespectadores al borde de las lágrimas. Sin embargo, pese al fervoroso esfuerzo que demostraron, se trató de un show efímero: única función y despedida. El espectáculo no daba para más. Pero los intrépidos miembros del Clan A no se rinden. Seguramente en sus alforjas guardan nuevas y escalofriantes denuncias. Se ha probado que todas las que han realizado desde el resultado de las Primarias hasta hoy tuvieron una vigencia media de tres/cuatro días. Un cálculo rápido nos indicaría que de aquí al 23 de octubre seremos testigos de ocho nuevas denuncias. Hay que aplaudir la voluntad y el tesón del Clan A, sus dramáticas revelaciones invariablemente se transforman en formidables espectáculos cómicos. Una sana manera de brindarle algo de humor a este período pre-electoral definitivamente sin sorpresas.
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